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[CÓMIC] Terror japonés a la española

Publicado el 20 enero 2015 por Despiram @FrikArteWeb

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[CÓMIC] Terror japonés a la española


Pol F 20 enero, 2015 0 [CÓMIC] Terror japonés a la española

[ADVERTENCIA: este artículo contiene menciones de suicidio]

A veces tenemos que variar un poco los cómics que leemos. El mundo de superhéroes que Marvel y DC  han creado durante décadas y las exuberantes historias que nos ofrece el manga en sus distintos géneros están muy bien, pero eso no quita que le echemos el ojo a algo diferente. Y es por eso por lo que le di una oportunidad a El bosque de los suicidas.

De la mano del guionista El Torres y del artista Gabriel Hernández nos llega una historia que, en menos de cien páginas, se adentra en uno de los lugares más misteriosos y “malditos” de todo Japón: el bosque de Aokigahara. Si no sabes de qué te estoy hablando, sólo tienes que leer bien el título de este tomo único porque no hay trucos ni gato encerrado. El bosque de los suicidas narra, simple y llanamente, la historia de exactamente eso, un extenso bosque al pie del monte Fuji conocido por ser uno de los sitios donde más suicidios se cometen al año.

Y no. Esto no es ficción. No me lo estoy inventando. Si visitaras Aokigahara, te encontrarías con dos cosas bastante evidentes: rutas turísticas muy vigiladas y carteles que intentan persuadir a los visitantes más osados de quitarse la vida. Si a esto le sumamos una milenaria tradición histórica que habla de la maldición que habita en el bosque, tenemos el caldo de cultivo perfecto para el terror japonés más clásico.

Esa es la esencia de El bosque de los suicidas. Utilizando Aokigahara como centro neurálgico de la acción, El Torres y Hernández nos narran de forma paralela las historias de Alan y Ryoko, un gaijin que acaba de romper con su novia obsesiva y una guarda forestal que se encarga de mantener los espíritus del bosque a raya.

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Alan y Masami

La historia se desencadena cuando Masami, la novia de Alan, decide quitarse la vida. Presa de la obsesión amorosa y víctima de una relación malsana, se cuelga de un árbol en mitad de Aokigahara. Lo que probablemente Masami no esperaba era volver a modo de fantasma desquiciado en busca de venganza.

Si bien la premisa de la que parte la historieta responde a un estereotipo clásico (el espíritu vengativo de una mujer “loca por amor”), la evolución de los arcos narrativos de los protagonistas no es la que cabe esperar en una historia de terror. La premisa del personaje de Ryoko es la de una mujer que, habiendo perdido a su padre en el bosque, ha salido adelante y no se deja mangonear ni impresionar por nadie. Es una protagonista que salva bastante la imagen femenina, sobre todo frente al cliché que representa Masami. Además, Ryoko es fuerte y práctica frente al segundo protagonista, Alan, quien es todo lo contrario. Se trata de un hombre débil que comienza a perderlo todo y que se ve consumido por la culpabilidad y el miedo. Hablamos, por tanto, de personajes que conforman las dos caras de una misma moneda, un juego narrativo de paralelismos que funciona perfectamente en las páginas de este cómic.

Temas como la obsesión, la venganza, a soledad y, sobre todo, la culpabilidad de aquellos que continúan su vida tras el suicidio de una persona allegada son mencionados a lo largo de la historia, si bien de forma bastante superficial. Probablemente para no obstaculizar la verdadera misión del cómic: el suspense y el terror que se esconde detrás de cada viñeta. Aviso para navegantes: no faltan las escenas de sangre y gore que tanto molan en el terror asiático.

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Ryoko y los fantasmas del bosque

Aunque a veces el diálogo entre los personajes peque de explicativo y atropellado para que el lector comprenda ciertos términos y tradiciones, encontraréis pequeñas referencias muy fáciles de entender para los asiduos a la cultura popular de Japón. Desde tipos de comida hasta los visual kei, pasando por algún que otro guiño a exorcismos asiáticos.

Pero si hay un detalle que me parece bastante acertado en El bosque de los suicidas es el de la ruptura del concepto idealizado del suicidio. Existe una larga tradición en la ficción de romantizar el acto de quitarse la vida, quizá para suavizar el verdadero impacto emocional que puede provocar en la audiencia o, tal vez, para conseguir todo lo contrario y maximizar los sentimientos de empatía para con un personaje. Sea cual fuere el motivo, El Torres quiebra completamente este ideal, mostrando el suicidio como el proceso que es: doloroso y con muy poco glamour. La escena del suicidio de Masami es cuanto menos perturbadora.

Aquí es, además, donde entra en juego el lápiz de Gabriel Hernández. El conseguido estilo y la elección de colores funcionan de maravilla con esta historia, creando de manera natural un ambiente escalofriante que te cala hasta los huesos. El diseño de la página y el uso de los paneles es ágil y dinámico, resolviendo de forma elegante la narración en paralelo de dos personajes en diferentes espacio y tiempo. No obstante, lo que es un auténtico logro es el propio Aokigahara. Abre el cómic por cualquier splash page en la que se aprecie el bosque y dime luego si no se te ponen los pelos de punta.

[pinit]
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ETIQUETAS » comic, Dibbuks, el bosque de los suicidas, el torres, gabriel hernández, PortadaOK Escrito en » Cómic, Varios

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