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Cómo Audrey Hepburn, la última estrella de Hollywood, democratizó el glamour

Publicado el 18 enero 2013 por Cineinvisible @cineinvisib

Hoy tengo un día rojo. Ni negro ni gris sino, sencillamente, rojo. Uno de esos días que tan bien explicó Truman Capote. Un momento de la existencia en los que algo vital te falta y no sabes de qué manera llenar ese vacío. Las razones suelen ser tantas que es difícil encontrar la principal pero sé, a ciencia cierta, que una de ellas es que hace 20 años, el 20 de enero de 1993, la última estrella de Hollywood se apagó, y el firmamento dejó, por un único instante, de brillar para convertirse en un profundo agujero negro.AH2Ese día con la muerte de Audrey Hepburn el sistema de estrellas comenzó a desaparecer y un nuevo sistema se iba a instalar. Desde finales de los 20 comenzaron las primeras emisiones públicas de televisión (en 1927 por la BBC en Inglaterra y en 1930 por la CBS y NBC en Estados Unidos), y con programación regular a partir del 1936 en Inglaterra o 1939 en los Estados Unidos. Interrumpidas durante la 2ª Guerra Mundial, la televisión se impuso a partir de los años 50 como un fenómeno mundial.AH3De las estrellas, que sólo podían ser creadas hasta el momento por el cine, se pasó con la pequeña pantalla al reino de los famosos (enunciado brillantemente por Andy Warhol y sus 15 minutos de fama) y con las nuevas tecnologías al de la popularidad, nimbo mediático en el que cualquier pimpollo puede ser el centro de atención de la red mundial por unos días que, me imagino, en el futuro se reducirán a unas horas o minutos. Fenómeno astronómico actual en la que intensidad y duración son inversamente proporcionales.AH4Audrey Hepburn era la primera de las últimas estrellas cinematográficas en desaparecer hasta cerrar definitivamente el ciclo en 2003 con la muerte de la “otra Hepburn”, Katharine. El reinado de Audrey comenzó al mismo tiempo que el de la televisión: la década de los 50. El repaso a su carrera da vértigo: Colette, al verla en un hotel de Montecarlo, sabe perfectamente que ya tiene a su protagonista para la adaptación al teatro de su obra Gigi; primera gran actuación en cine en 1953 en Vacaciones en Roma, sublime; un año después inmejorable en Sabrina; la perfecta Natacha en Guerra y Paz (1956); etérea en una Cara con ángel; divertidísima en Ariane y para cerrar la década, alucinante, en Historia de una monja (hasta el hábito le sienta a la perfección).AH5Pero otros muchos analizarán mejor su gloriosa y prolongada carrera. En los próximos días se dirán mil cosas sobre ella y sus películas, su elegancia, su trabajo en UNICEF (nada de poses para el fotógrafo de turno, Audrey trabajo para la organizacíon porque durante la guerra sólo tenía para comer el pan hecho con la harina de los bulbos belgas y holandeses, la anemia prolongada que padeció le pasó factura en su carrera de bailarina) y la pléyade de actores y directores maravillosos con los que trabajó (un inicio de lista: Humphrey Bogart, Fred Astaire, Maurice Chevalier, Gary Cooper, William Holden, Cary Grant, Peter O’Toole, Sean Connery…).AH7Pero el verdadero homenaje que deberíamos darle es el de haber cambiado la visión de millones de mujeres en el mundo. En los años 50 los iconos y referentes femeninos eran, en resumen, dos. Prepárate porque la situación era de lo más fuerte. Por un lado, Doris Day: temperatura gélida, tan estricta que haría pasar a Bree Van de Kamp por una casquivana, única obsesión centrada en conservar su virginidad hasta en el matrimonio y quedarse en su casa preparando tartas de tres pisos mientras canta Qué será, será… (las 3 películas con Rock Hudson, Confidencias a medianoche, Pijama para dos y No me mandes flores, se limitan a una línea de guión: no caer en la tentación, por así decirlo, del fornido actor). En resumen, nada de sexo, quedarse en casa y esperar a su flamante maridito, que trabaja y construye la nueva sociedad de consumo.AH6Por otro lado, y en el extremo opuesto, el otro referente femenino era la rubia devoradora de hombres, encarnado en Marilyn Monroe, un poco “zorrón” pero, evidentemente, ingenua (tristemente la ingenuidad en Hollywood es sinónimo de imbecilidad). Las películas transmitían una idea evidente: hay que ser medio tonta para disfrutar de sexo sin estar casada. Vaya panorama.AH8Y de repente, en 1961 Audrey Hepburn, una actriz de pasado impoluto, aceptó el papel de Holly Golightly en Desayuno con diamantes de Blake Edwards. Basado en el relato de Truman Capote sobre la historia de una prostituta, que tiene como vecino a un mantenido homosexual, y que se pasa la vida bebiendo y acostándose con medio Nueva York, sin ningún tipo de remordimientos. Aunque el guión edulcoró un poco el relato, gracias a la sensibilidad y el talento de Audrey Hepburn las mujeres del mundo entero descubrieron que podían tener una sexualidad, divertirse con sus amigos y no ser juzgadas por ello. Audrey Hepburn dio el primer paso en la carrera de una libertad que se reivindicaría en la calle 7 años más tarde, en 1968.MCDBRAT EC006Audrey Hepburn, además de ser una de las 9 personas en el mundo en haber ganado un Oscar, un Tony, un Emmy y un Grammy, consiguió otro logro aún mayor. Frente a los sostenes en punta de Doris Day o los vestidos que no dejaran respirar a Marilyn Monroe, la actriz impuso una tercera vía: otra silueta, delgada y sin curvas. Una libertad distinta con más fantasía y tejidos menos pesados y pegados, que parecían exhibir en el pasado más carne que curvas. Pero sobre todo, la confirnmación de que la moda es una cuestión de actitud y personalidad porque, reconozcámoslo, Audrey Hepburn nunca ha estado mejor vestida que con la sábana de la fiesta de su apartamento.AH9Hoy tengo un día rojo, y como no puedo irme a Tiffany’s porque me pilla a 10.000 kilómetros de distancia, me voy a ir a mi joyería preferida, la que tengo siempre a mano: una pantalla en la que mientras Audrey Hepburn se deleite mirando unos diamantes en un escaparate, me deslumbrará otra vez el brillo de su talento y el esplendor de su elegancia. Después de verla, el día será un poquito menos rojo.


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