Pero todos necesitamos sentirnos informados (no saturados de datos, que no es lo mismo) y cuando esta información no llega, esa carencia la cubrimos intentando imaginar qué es lo que ocurre “en realidad”… 
Aquí tenéis la traducción del artículo que publicamos con mi hermano Jordi en l'Economic del periódico catalán El Punt Avui :
Carceleros y rumores
Hay un refrán africano que me encanta que dice "se puede esconder el fuego, pero ¿qué se hace con el humo?"
Es comprensible, prudente e incluso responsable, que en puntuales y muy breves momentos, las organizaciones puedan ser “carceleras” con el manejo de la información. Se puede entender.
Las personas (avaladas a veces por la cultura organizacional) pueden tener diferentes estilos de manejo de la información, vamos a destacar dos de ellos: el carcelero y el Santa Klaüs.· CarceleroEl que más rumores genera. Es aquel que se considera legítimo dueño de la información que tiene y está convencido de que eso le da poder. Probablemente porque sus escasos recursos y competencias personales no le permiten “convertirse en imprescindible” de otra manera…Estos personajes, para justificarse y elevarse al altar de los héroes, se remiten a historias del estilo “mineros africanos” “Dicen que en algún lugar de África 6 mineros trabajaban en un profundo túnel De repente un derrumbe los dejó aislados.
Calcularon su situación: les quedaban unas tres horas de aire, máximo tres y media. ¿Podrían ser rescatados antes?
Acordaron hacer el menor desgaste físico posible, apagaron las lámparas y se tendieron en el suelo. Solo uno tenía reloj. Lo acribillaban a preguntas: ¿cuánto tiempo ha pasado? ¿Cuánto falta? ¿Y ahora? Cada pregunta agravaba más la tensión.
El jefe se dio cuenta de que si seguían así la ansiedad los haría respirar más rápidamente y esto los podía matar. Así que ordenó al que tenía el reloj que solo él controlara el paso del tiempo. Nadie haría preguntas, él avisaría cada media hora.
Cumpliendo la orden, el del reloj avisó de la primera media hora. La angustia que se sentía en el aire.
El hombre del reloj se dio cuenta de que iba a ser cada vez más terrible comunicarles que el minuto final se acercaba. Sin consultar a nadie decidió que la próxima vez que informara de la media hora, habrían pasado en realidad 45 minutos.
La tercera la dio casi una hora después… y así continuó “escondiendo la verdad”Llegaron a rescatarlos a las cuatro horas y media. Lo más probable era encontrarlos muertos.
Hallaron vivos a cinco de ellos. Solamente uno había muerto de asfixia... el que tenía el reloj.”No negaré que la historia engancha, pero bueno a parte de ¿cómo narices supieron que decidió voluntariamente engañarlos para salvarles la vida y no se equivocó de hora?. Esto no sirve de coartada para justificar que es mejor que tus colaboradores no se enteren de nada…
No dejes que el humo te impida avanzar.
