En junio de 1994, que ya llovió, como suele decirse, en la cocina de su casa Domingo me hablaba de un gran sueño. Un sueño que había tenido en la localidad de Casavegas, un pueblo con mucho encanto, cuya pista nos lleva hacia Pineda, con una parada obligada en el ojo de bistruey o mirador de Cerraíllo. Uno de esos lugares heridos de muerte por la despoblación, pero que milagrosamente resiste los embates del olvido.
¿Tú crees que la montaña palentina, los pueblos de la montaña palentina, tienen lo días contados?, le preguntaba entonces, y él, sin dudarlo, me dicta una respuesta certera, pronósticos que se han ido acentuando con el paso del tiempo y que dan de lleno en lo que ahora mismo nos rodea: "Desaparecer no, pero cada vez hay menos gente y más problemas.""En Casavegas somos ocho vecinos, si ahora mismo hubiera un vecino más no podríamos vivir". Han pasado treinta años de aquello. Recuerdo a su padre, Eliseo, un personaje singular, asintiendo ante los pronósticos de su hijo. Pero no es la muerte de los pueblos lo que les preocupa, es la agonía en la que viven, de ocho vecinos (1994) a poco más de media docena de habitantes (2023), renaciendo un pico importante cada verano e hibernando bajo mínimos el resto del año. El pasado verano, al entrar en el recinto de Cervera donde se celebra la Feria de Artesanía, Domingo me hizo señas para que me acercara y me entregó un par de morcillas de Cervera, sus morcillas, las de su empresa. Yo me acordé entonces de su sueño, cuando todo eran impedimentos para encontrar un terreno, levantar una nave, patentar un negocio. La importancia de mantenerse firme, a pesar de las trampas y el cansancio, construyendo no solo un espacio para desarrollarlo sino, principalmente, hacerlo en esa tierra que no tenía futuro y siendo ejemplo para otros emprendedores que hicieron cosas parecidas. Frente a ese inquietante "aquí todo son problemas, dónde van a estudiar tus hijos, un hospital a 150 kilómetros, como vas a tener ilusión en un pueblo de estos"... Domingo despliega su receta y deshace aquel nudo que le esta atormentando. Dice el refrán, hay que medir dos veces y cortar una, ...pero hay que cortar". Pues eso: soñemos, prosigamos, cortemos.
Entrevista más ampliada en nuestra página de Orígenes

