Timothy Truman y, sobre todo, Tomás Giorello son dos tipos valientes. Hay que tener coraje para enfrentarse a una historia clásica de Conan como La Ciudadela Escarlata, que en manos de Roy Thomas y de Frank Brunner supuso una de las cimas del personaje para la editorial Marvel. The Scarlet Citadel es un relato original de Robert E. Howard, el creador de Conan, que narra una de sus primeras peripecias como ya maduro rey enfrentado a una conspiración que lo derroca del trono. Considerado uno de los mejores trabajos de Howard, en La Ciudadela Escarlata hay batallas, intrigas, seres de otro mundo, brujos, acción y suspense a raudales. Todos los ingredientes que conforman una excitante aventura con el inimitable estilo de su autor y una cumbre de la Fantasía Heroica a años luz de los subproductos con los que talentos menores y vergonzosos pastiches amparados bajo una cabecera de éxito han querido dar gato por liebre a los seguidores del bárbaro cimmerio durante demasiado tiempo.
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Entre Tim Truman y Tomás Giorello han construído un bárbaro más cercano al original howardiano, más salvaje, más pasional, con el que se han atrevido a enfrentarse a la revisitación de una obra maestra y salir airosos. Esperamos los otros tres próximos capítulos para ver cómo redondean la faena, porque si un poco más abajo le arreamos un palo a Dark Horse por la errática política que lleva últimamente a la hora de publicar comics basados en los personajes de Robert E. Howard, con The Scarlet Citadel la editorial norteamericana se merece el aplauso más efusivo al mantener en nómina a dos autores que han ido en alza dentro de su equipo, y por confiarles uno de los trabajos más potentes que podrían presentar al aficionado. Ahora bien, es incomprensible la decisión de que Darick Robertson se encargue de las portadas. Los sucios pinceles del dibujante de Transmetropolitan y su falta de sutileza no podrían hacerle peor servicio al delicado trabajo que aguarda al pasar sus ilustraciones.
Fran G. Lara