Revista Solidaridad

Conozca a mi abuela, de la mano de FamilySearch

Por Redantepasados @Red_Antepasados

Conozca a mi abuela es la última campaña de FamilySearch en la que el objetivo era que durante 10 días (hasta el pasado 29 de septiembre) pudieran compartirse 10 mil historias, hasta hoy hay más de 15.500 historias. Campañas que más que conectarnos con la Genealogía nos ayudan a traer a nuestro recuerdo a la Familia, en este caso la abuela.

En la página de FamilySearch.org en su versión para el idioma inglés sugiere 20 preguntas para capturar la historia de tu abuela, contenido que no está en español.
Algunas de las preguntas son como estas:

-¿Qué vacaciones recuerdas especialmente? 
-¿Dónde viajabas?
-¿Qué hiciste para superar los momentos difíciles en tu vida?
Para acceder a esta versión baja en la página hasta el final y selecciona "idioma" debajo a la derecha. Da clic en english y ya podrás ver las preguntas.

También se puede descargar la app disponible para dispositivos móviles en español llamada "Recuerdos" y grabar la voz de tu abuela -o cualquier familiar- y subirla a la web de FamilySearch y de esta manera que quede allí alojada de forma segura para luego compartirla mediante las redes sociales o correo electrónico con más parientes.

Otra opción es escribir una anécdota mediante "Historias" sólo haciendo uso del teclado y dispone de las mismas características para compartirla.

Conozca a mi abuela, de la mano de FamilySearch Puedes ir a la página de "Conozca a mi abuela" y si aún no tienes una cuenta en FamilySearch crearla en este momento.
"...A mi abuela la hace especial que fuera la única persona que lograra que yo dejara mi adicción perniciosa al chupete. De hecho, recuerdo el día que le prometí que lo haría y creo que apenas contaba con menos de cinco años.
A ver, tampoco era que yo estuviera con chupete de aquí para allí y lo arrastrara por donde fuera mis trémulos pasos (a veces eran excesivamente trémulos, prueba de ello son las cicatrices en mis rodillas) pero sí que lo usaba para conciliar el sueño, algo que no me gustaba conciliar para nada... eso era, me daba tranquilidad utilizarlo. Eso y una mantita suave que acariciaba hasta que caía rendida.Un buen día mi abuela me dijo que no iba a quererme más si seguía usando chupete. ¡Imaginad el susto que me pegué! Con toda la inocencia de una niña le creí, pensé que realmente dejaría de quererme y no sería más mi abuela.Creo que no me dolió desprenderme de un hábito que había mantenido durante toda la vida (al fin tres o cuatro años eran toda mi vida hasta ese entonces) porque a cambio tendría el amor incondicional de mi abuela.Mi abuela Isolina era una persona silenciosa, cariñosa a su manera, pero no una abuela cansina o insistente. No hacía actividades conmigo, sospecho que porque antes esto no era habitual ni siquiera se cruzaba por la cabeza de un adulto.Los niños tenían su lugar de niños, sus juegos de niños y no se veía adultos pensando en cómo pasar tiempo contigo y haciendo qué cosas, sino madres de anuncios de crema "Nivea" o que te daban cereales "Nestum".Sí que recuerdo como si estuviera en su patio el palomar que acariciaba las nubes, su limonero con frutos perfectos, su nogal, sus jardines que parecían un laberinto. Recuerdo su sencillez, las chocolatinas que sabían a todo menos a chocolate (eso lo descubrí luego) guardadas en un bote (frasco) de cristal. Sus sofás cubiertos de fundas de tela -para no ensuciarse- que yo levantaba con cautela para descubrir asombrada lo hermoso que parecían sin ellas. Sus gatos que no me gustaban un pelo, sospecho que porque a ellos yo no les simpatizaba en demasía.Su aroma... El aroma de mi abuela era inigualable.Un día descubrí el secreto: Polvos para la cara de la marca Pond's, en una caja azul celeste redonda que guardaba en el primer cajón de una cómoda. La tapa era a rosca y en bajo relieve con letras doradas podía leerse AngelFace.Yo sabía su dirección de memoria: Calle Los Carrera 479, Quilicura, Santiago, Chile. Escribía cartas cada tanto. Cartas, cartas, cartas y más cartas. Eran cartas que iban desde mi casa hasta la suya, ella no respondía y era un acuerdo tácito de correspondencia sin respuesta.¡La echaba tanto de menos!
 Todos los niños tenían familia, yo no. Todos mis compañeros de clase contaban que iban a la casa de sus primos, que habían comido el domingo con sus abuelos, o los regalos que habían recibido por su cumpleaños diciendo: mi tío Ramón me dió un coche de policía, mi abuela Paca un balón (pelota)...
Yo tenía primos, pero no los conocía. Tenía abuelos y no los conocía. Por esto tal vez, las veces que vi a mi abuela que no serían más de siete dejaron en mi alma una impresión grabada a fuego. María Isolina Espinoza González nacida en Melipilla, morena, bajita y con el pelo ensortijado (con rulos)..."

Te la presento, es mi abuela.




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