La verdad que una vez que estás allí se agradece, el camino estaba de lujo, proteger no protegía mucho, las hojas se habían caído pero nos hicieron una alfombra increíble. Mi idea de subir a la presa también se fue al traste, como no estaba Didi no nos íbamos a separar, me tocó subir a la Ermita por la trialera o el km vertical como lo llama Vistu, aunque en cierto modo me vino bien, le pude devolver el favor de la semana pasada... Lenta y torpona pero aquí estaba su fiel escudera acompañandolo en sus locuras... ;)Al subir a la Ermita la lluvia nos dio una tregua y parece mentira que toda la vida allí y todavía te encante lo que ves, la lluvia le había dado a todo un color especial y de buena gana te hubieras quedado allí a pasar la mañana disfrutando de las vistas, porque íbamos corriendo pero si vas paseando sin prisas es para pararte en cada esquina hacer fotos.
Al bajar se acabó la tregua y nos calló un chaparrón del quince, eso sí, no parábamos de cruzarnos con runners y bikers a los cuales tampoco les paró la lluvia
Al llegar a casa ducha caliente y rápido cambio de ropa porque estaba calada hasta los huesos, mi paravientos unas gotas las aguanta pero esta vez fue demasiado...pero que queréis que os diga mojada sí, pero feliz, también.
