Revista Insólito

Cosmos interruptus

Publicado el 01 octubre 2026 por Doctor Krapp @Dr_Krapp
Cosmos interruptus
 Con sonrisa impúdica, el Dr. Krapp contemplaba en la sala de proyecciones cómo su héroe se iba al futuro atravesando un agujero de gusano. 
Unos golpes secos e imperiosos en la puerta de entrada le sacaron de su somnoliento hechizo. La realidad, esa mala pécora, volvía a él y, mentalmente, con su acendrado pesimismo, valoró si podría tratarse de uno de esos desahucios exprés de la policía, quizás porque algún despiadado fondo buitre asaltaviejas hubiera comprado su morada. Lo descartó al momento: la carroña rica estaba en las urbes y no era fácil que esos miserables tuvieran interés en un castillo escondido en los Alpes italianos. Pero, ¿quién sabe? Quizás pensasen que su fortaleza podría ser un Shangri-La para guiris forrados.Tras comprobar en la pantalla que solo se trataba de Fiz Arou, un Krapp desganado abrió la puerta apretando un botón. La entrada del detective fue impetuosa, digna de un toro Miura, y el doctor insinuó un gesto de defensa al ver que el otro le apuntaba con un espray de gas pimienta.
  • ¿Me amenazas? 
Confuso, Fiz Arou guardó el bote en el bolsillo del abrigo y se sentó en una banqueta lateral.
  • Perdone, doc, tuve una disputa con una locatis ahí fuera y quería enseñarle las armas que usa esa gente bárbara. No vea lo que me costó quitársela, gritaba como una posesa.
  • Un espray de pimienta - chistó Krapp - mejor que trajeras unos pimientos de Padrón. ¿Han llegado los monstruos hasta aquí? 
  • No, he venido en el contenedor transtemporal y lo cerré a tiempo evitando que entrasen. Menuda peña julai. He tenido que repartir mamporros al por mayor. La cosa ahí fuera va de desmadre en desmadre, jefe, y los zombis muy creciditos con sus mierdas, pero a usted le dará igual. Veo que  sigue con su saga escapista al puñetero espacio exterior. Felicidades. Quién le ha visto y quién le ve. ¿El notas sigue en Yankilandia o se ha ido a un futuro mejor?
Krapp sonrió brevemente. Se sentó en su sillón, miró hacia la pantalla y luego a Fiz. Luego lanzó un suspiro.
  • Esas montañas y esos bosques son el mundo real. También lo es ese río que se despeña desde la cumbre hacia las simas profundas. Sin duda, son asunto del mundo real nuestros sueños y vivencias, ya que vivimos en ellos. Y lo son también las historias de ficción que engalanan la vida y la llenan de sentido y de ecos. La realidad que nos venden los mercaderes de noticias es una realidad aparatosa y amañada que nos encarcela, nos aprisiona y nos envenena. Nunca nos hace mejores, porque nos aturde y nos culpabiliza sin darnos protagonismo en ella. El escapismo es necesario. Es imprescindible como mecanismo de supervivencia. Todo preso debe intentar huir y, si es a través de una ficción, bienvenida sea.
Fiz guardó silencio unos segundos. Miró a Krapp y después a la pantalla.
  • No sé. Quizá tenga razón. Pero solo me quedo hasta que termine el capítulo.
  • Naturalmente, alguien tiene que encargarse de lidiar con la realidad, pero de vez en cuando viene bien un descanso. El descanso del guerrero.
  • Menos coñas, doc, la realidad ya es lo suficientemente jodida.
Fiz se acomodó en la banqueta y fijó la mirada en la pantalla.
  • Póngala ya.
Krapp lo miró, sonrió y volvió a encender el proyector.
  • Siéntese en el otro sillón, estará más cómodo.
Afuera, los Alpes seguían siendo muy reales. Dentro, Xan Touciño viajaba hacia las estrellas. Así comenzó una amistad cinéfila. De las de verdad. Hasta el primer ronquido delator.

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