A la falta de expectativas por parte del desempleado se le unen la propia inseguridad y una recaída en la relación de dependencia del sostenedor: Se exige al Estado que proporcione un “trabajo” o una “paguilla”, en ausencia del mismo. Y son muy pocos quienes se plantean crear su propio trabajo o generar empleo para los demás. A veces no es cuestión de dinero, sino de ingenio y creer en uno mismo. De hecho los principales capitales de este país no lo heredaron sino que lo “inventaron”. Ese es el principal reto de nuestra sociedad en épocas de crisis: creer en quienes creen en sí mismos.
Marcos Muñoz, publicado en Diario Jaén (24, Nov 09)