Revista En Femenino

Crianza respetuosa: Esas palabras odiosas

Por Amormaternal
Crianza respetuosa: Esas palabras odiosas
¿Cuántas veces hemos oído a una mamá o a un papá, o a unos abuelos incluso, consolando a un niño que llora tras una caída, o un disgusto con las odiosas (aunque bienintencionadas, lo sé) palabras como: "pero si no ha pasado nada, no llores"?
Claro que ha pasado, nadie llora en vano, para lavarse las pupilas, ni por diversión. Todos lloramos por algún motivo, y si un niño se ha caído, aunque en principio no veamos ningún daño físico, sus razones tendrá para expresarse llorando. Tal vez sí le haya dolido, aunque no veamos en el momento un morado - si vemos un golpe con pinta de hacer un morado y sin cortada, sería ideal ponerle un poco de Arnidol -, tal vez tenía la ilusión de lograr trepar sin caerse, tal vez lo intentó muchas veces y aunque no se haya hecho daño físico, esté simplemente expresando su enfado, o decepción, tal vez esté muy cansado y la caída sea la gota que derrama su vaso y simplemente necesita consuelo y mimos.
¿Quién soy yo para validar o invalidar, para aminorar, restarle o sumarle importancia a lo que siente mi hijo? ¿Por qué no abrazarlo simplemente, regalarle mi presencia verdadera, mi mirada, mi regazo para que deje fluir a través de su pequeño ser cualquier emoción o dolor y consolarlo de la manera en que necesite en esa precisa ocasión?
No sólo hacia este lado - el de aminorar - sino también al de dramatizar, en el que muchas veces caemos incluso inconscientemente, con frases como "aaaaaaaaaaaaaay, cariñooooooooo, pobreeeeeeee, ven que te consuelo" - y entonces el niño cada vez que se cae, porque todo lo aprenden de nosotros como buenos espejos que son, reacciona de forma bastante prominente aunque ni siquiera se haya hecho daño.
Reflexionemos entonces, acerca del por qué reaccionamos a veces aminorando, a veces dramatizando, generalmente cuando se tratan de emociones tildadas clásicamente como negativas: ante la rabia, la tristeza, la frustración, mientras que la felicidad simplemente la damos por sentada.
¿O es que algún día nos hemos puesto a "validar" las emociones positivas de nuestros hijos?: "cariñoooooo qué felicidad que estés tan feliz hoy"...
Como nos comenta Scott Noelle, autor de The Daily Groove en su reflexión"Validación Implícita":
Se dice mucho acerca de la importancia de validar los sentimientos de los niños - decirles que está bien sentirse de la manera en la que se sienten.
De lo que rara vez somos conscientes es de que los niños saben de manera innata que sus sentimientos son válidos, por lo que no necesitan validación a menos de que hayan sido previamente INvalidados.

Cuando el sentido inherente de valor del niño está intacto, quien se beneficia realmente de la validación explícita es el adulto cuyos sentimientos fueron invalidados durante su infancia.

Los niños obtienen mayores beneficios de la validación implícita, la cual es expresada mucho más poderosamente cuando estamos dispuestos a estar completamente presentes con ellos mientras transitan a través de sus emociones.
No son necesarias las palabras para validar implícitamente. Nunca necesitamos decir "Está bien estar feliz", simplemente sabemos que está bien. ¿Entonces para qué decir "Está bien estar triste, enojado, etc. sabiendo que las emociones "negativas" son tan válidas como las "positivas"?

Seguro que se nos hará más fácil permanecer presentes en el momento, si mantenemos en mente la siguiente reflexión: Los niños que tienen sentimientos fuertes, han sido bendecidos con una fuerte Guía Interior.

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