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Crítica de cine: Micmacs

Publicado el 25 junio 2011 por Lapalomitamecanica
El regreso de Jeunet
Crítica de cine: Micmacs
Nota: 5
Lo mejor: los primeros cinco minutos de la película.Lo peor: sólo es apta para los fans acérrimos de Jeunet; tanto realismo mágico puede llegar a cansar.
Una de las primeras imágenes de la que tenemos constancia en Micmacs es la de una calle solitaria en la que se sitúa un videoclub regentado por Bazil, el protagonista. Dentro, éste recita despreocupadamente los diálogos de El sueño eterno de Howard Hawks que está viendo en una televisión portátil, y volvemos a un plano general de la calle en el que se persiguen a gran velocidad dos vehículos disparándose. Ajeno a todo esto pero alentado por el ruido, Bazil llega al umbral de su negocio justo en el momento en que ambos vehículos vuelcan y una pistola sale despedida por los aires. Como no podía ser de otra manera, el arma se dispara accidentalmente alcanzando la frente del protagonista, quien se desploma, haciendo honor a la película que estaba viendo, en el suelo de su negocio. Lo siguiente que vemos – sin dejar de oír los diálogos del filme de Hawks – es la bala alojándose en el cerebro de Bazil y sus últimos recuerdos en sepia con su familia. A continuación, se vuelve a mostrar la pantalla de la tele, en la que vemos cómo los créditos finales de El sueño eterno se convierten en los créditos de inicio de Micmacs. Jean Pierre Jeunet despliega ante nosotros en el prólogo del filme un ejercicio de estilo simple pero eficaz.  
Crítica de cine: Micmacs
Con esta cinta, Jeunet presenta a su último héroe, encarnado por el actor y director de cine Dany Boon (Bienvenidos al norte, 2008, Nada que declarar, 2010) quien tras sufrir un impacto de bala en la frente, se dedica a vagar por las calles y buscar a los causantes de su desgracia, los directores de las principales compañías armamentísticas del mundo. Para ello, entabla amistad con un grupo de “artistas” callejeros – Jeunet vuelve aquí a los mundos extravagantes e imaginarios de sus personajes - (Dominique Pinon, Yolande Moreau, Julie Ferrier) que no dudarán en prestarle ayuda dando lugar a toda una serie de estrategias, a cada cual más rebuscada y complicada, con la intención de lograr su cometido. La construcción y el trazo simple de los personajes se reducen a mostrar a los vagabundos como los seres altruistas de indudable buen corazón y a los que están al frente de una oficina lujosa como los inmorales corrompidos por el poder y el dinero. 
Es indiscutible que un director como Jeunet posee un sello distintivo a la hora de rodar, y lo demuestra una vez más en este comienzo ingenioso insertado en un metarrelato cinematográfico. Pero esto no necesariamente implica que todo lo que realiza destile verdadero talento ni que abrace o reinterprete la tradición del cine anterior. A pesar de haber demostrado su vertiente polifacética en filmes tan dispares como Alien Resurrección (1997), Amélie (2001) o Largo domingo de noviazgo (2004), sin duda el terreno donde más cómodo se siente es el de las comedias – herederas del atractivo de su compatriota Jacques Tati – caracterizadas por cierto realismo mágico. Es este tono el que impregna gran parte de las cintas de la filmografía del director, en las que realiza una demostración estéticamente agradable, con gusto y cuidado por los detalles visuales.  
Crítica de cine: Micmacs
Aún así, Micmacs corre el peligro de convertirse en un espectáculo de humo construido mediante recursos formales como el uso de colores vivos, a menudo saturados, la voz en off de los personajes y los movimientos de cámara, mediante los cuales logra disfrazar la banalidad de lo cotidiano en algo especial, mágico y encantador. La base cómica es bastante previsible y de naturaleza hiperbólica, fundamentándose en el azar y la casualidad como detonantes, en la perfecta sincronización de los golpes de gracia con la reacción del público que desencadenan toda una sucesión de hechos disparatados. La inconveniencia de este tipo de humor es que tras el primer gag, cualquiera es capaz de adivinar la siguiente broma justo antes de que suceda.  
Con dos años de retraso se estrena en España Micmacs, un cuento infantil para adultos ambientado en escenarios circenses y pintorescos únicamente apto para entusiastas del director francés. La obstinación por explicar todo hasta la saciedad le resta bastante sutileza al filme, lo cual también puede ser interpretado en ocasiones como una subestimación directa al espectador. La articulación del discurso de Jeunet se apoya en la combinación abusiva del estilo empalagoso y remilgado del realismo mágico y el humor simplón del slapstick o sartenazo en la cara demostrando que el envoltorio es atrayente pero el fondo le resulta un poco indiferente. Tras su fachada de onirismo y fantasía no queda mucho que contar. Jeunet nos presenta una fábula moralista con un final maniqueo basado en la interpretación ideológica de un mundo habitado por buenos y malos en el que se usa como pretexto la instauración de la justicia social para justificar la venganza individual de un personaje, perpetuando así la política del “ojo por ojo”.

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