Revista Cine

Crítica de "Whiplash"

Publicado el 12 enero 2015 por Danny @danielbermeo

Crítica de
9/10
La pasión por la música es algo innato que poseen ciertas personas. Es una carga emocional que les hace redondear todo lo que tengo ritmo, melodía o armonía y por supuesto perfeccionarse en algún instrumento musical, o algunos. Lo digo por experiencia. La percusión ha sido desde siempre algo que me ha llamado la atención. La adoro. Conozco a los grandes bateristas del siglo XX, he comprobado a través de la historia sus gigantescos pasos (o no tanto) para convertirse en quienes son hoy en día: auténticas leyendas. Ahora bien, para ser el mejor hay que caminar por el largo camino de la práctica, por más que se tenga el talento quien no participa de su tiempo en la consecución de largos intervalos a solas con su instrumento no espere a obtener la suficiente capacidad de dominio a diferencia de quienes sí invierten mucho tiempo para desarrollar lo que poseen como talento.También es cierto que hay una línea muy fina que separa el esfuerzo de la obsesión. Y de eso va el film que he visto muy recientemente y se ha colocado de pleno al listado de películas favoritas del año.
En "Whiplash", film de Damien Chazelle se nos narra un episodio en la vida de Andrew Neiman, un joven y ambicioso baterista de jazz, cuyo objetivo primordial es triunfar en el elitista Conservatorio de Música de la Costa Este en el que estudia. Marcado por el fracaso de la carrera literaria de su padre, Andrew alberga sueños de grandeza. Terence Fletcher, un profesor conocido tanto por su talento como por sus rigurosos métodos de enseñanza, dirige el mejor conjunto de jazz del Conservatorio. Cuando Fletcher elige a Andrew para formar parte del conjunto musical que dirige, cambia para siempre la vida del joven. La pasión de Andrew por alcanzar la perfección se convierte en obsesión, al tiempo que su despiadado profesor lo lleva al límite de su capacidad y de su salud mental.
Crítica de
"Whiplash" es un film absorbente, totalmente apasionante, eufórico, lleno de energía, de sorpresas, que hace vibrar nuestras mentes a ritmo preciso y constante, dándonos a beber sorbos lentos hasta brindar un clímax impresionante, al que solo se le puede aplaudir aun sosteniendo nuestro aliento mientras nos recuperamos de la experiencia vivida. El film es un drama psicológico potente, oscuro, que nos habla sobre la obsesión y los límites de la perfección, esa barrera tan fina que hay entre perseverar por ser el mejor y volverse un maníaco por alcanzar el estatus de la fama. Posee un guion provisto de escenas llenas de mucha energía y sobre todo la presentación de dos personajes imposibles de olvidar; dos seres que se abandonan a su vasta pasión musical y se enfrentan por sus intereses. Por un lado está Andrew, un joven callado, apasionado a lo suyo, que tras varios intentos podrá ser parte de la banda que dirige el profesor más estricto del conservatorio donde estudia. Él es el claro prototipo de la lucha irascible por ser el mejor, ese aliento de competitividad se percibe a cada instante la película. Chazelle denota franqueza en cada ángulo, y aun en lo siniestro de su historia nos habla sobre cómo actúan los seres humanos frente a la competencia y cuando sentimos que nuestro estatus empieza a tambalear tras la presencia de otro que amenaza con arrebatar el trono ganado con esfuerzo y perseverancia. La mezquindad, la envidia, el orgullo, se vuelven en los pilares que algunos manejan para tratar de construir esa barrera que hace imposible penetrar a su mundo. Andrew se verá obligado a cambiar sus hábitos, sus otras necesidades para poder cumplir con el cometido de ser lo que anhela, y poco a poco, y a vista nuestra se irá transformando en un ser distinto, enfermizo, capaz incluso de sacrificar su salud para no dejarse quitar lo que a su criterio le pertenece.
Crítica de
Por otro lado está Fletcher, el temido profesor, un hombre de apariencia atroz, temeraria y obsesiva; aquel que es capaz de percibir el miedo con una sola mirada, un hombre osado, grosero, con unos métodos de enseñanza terribles, que promueven la búsqueda en exceso de la perfección a sus estudiantes; sumamente desconfiado, imposible de ver fragilidad en él. J.K. Simmons le da vida a su personaje haciendo el papel de su vida, que no solo pasará a ser recordado este año, sino seguramente será de referencia para futuros papeles, porque lo borda. El antagonismo que profesa es grosero, bestial y sencillamente genial. No hay un ápice de camuflaje, asume su rol con una entereza brillante, haciéndose odiar, cumpliendo así su objetivo. Miller Teller, quien interpreta a Andrew, es otra entera revelación. Su evolución en la película es ejecutada perfectamente. Interpreta su personaje con gran seguridad y dominio del papel, una actuación que merece mucho más de lo que por ahora ha cosechado.
El film también, además de retratar de manera oscura el enfrentamiento entre estos dos personajes luchando por ser los mejores en sus áreas, muestra la mirada familiar ante aficiones 'no tan profesionales'. Andrew debe convivir con las indirectas de sus familiares quienes critican un oficio, que para ellos no será recordado. Pero él piensa diferente. Andrew no solo está obsesionado con ser el mejor baterista de su instituto, sino el deseo de quedar impregnado en las páginas de la historia como un músico ampliamente reconocido. El precio de la fama y la preocupación por sellar su imagen y caminar por encima de la 'normalidad' lo llevarán al borde del colapso y solo existirá una ínfima posibilidad de salir vivo de ella. Recuerda un poco a "Black Swan", film de Aronofsky, pues se asemejan en igual proporciones a la búsqueda incansable de ser el mejor en lo que hacen, aunque el tratamiento de ambas historias son muy diferentes.
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Un film con un montaje colosal y la construcción de una historia in-crescendo finalizando hacia un clímax, que a quienes nos apasiona la música será una auténtica delicia. Los solos de batería son impresionantes, y seguramente aun a quienes no les apasiona, se verán envueltos y magnetizados por los golpes percutidos y vibrantes que emiten las baquetas sonando sobre los platillos y tambores. Una experiencia sensorial fascinante, espectacular, viva. La recomendación del mes, sin duda alguna.
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