No tienes por qué colgar cuadros, puedes apoyarlos en la pared -o en una estantería- y superponerlos. Una idea muy moderna.
Es una práctica tan buena que ha conseguido establecerse como un recurso útil y también adquirir variaciones el modelo primigenio. El que más éxito tiene es el de superponer los cuadros. No existen demasiadas pautas que definan este tipo de implementación, pero sí un par de consejos fiables para llevarla a cabo.
En primer lugar, la superposición de cuadros busca crear una sensación de unidad, y para ello es conveniente que los marcos de los diferentes cuadros guarden una similitud de estilo. No hace falta que sean idénticos, pero sí que la línea estilística no se rompa, ya que deben transmitir continuidad. Vale cualquier de los caminos posibles: texturas, colores, tamaños del marco, paspartú...
En segundo lugar, algo tan obvio que hasta resulta ridículo comentarlo, pero ahí va. Combina cuadros de diferentes alturas. El ojo detectará uno de los dos extremos y realizará el recorrido hasta el extremo opuesto; el objetivo es que se detenga en todas las piezas. Si juntas dos cuadros de la misma altura, es probable que el ojo vaya de uno a otro omitiendo las piezas intermedias.
Finalmente, intenta ser lo más sutil posible, tanto en cuestiones diseño como en número de cuadros.
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