Revista Insólito

Cuando Aute vino a Palencia

Publicado el 09 julio 2020 por Monpalentina @FFroi

Ha pasado mucho tiempo desde que Luis Eduardo Aute vino a La Caneja y participó en las IV Jornadas de Poesía Ciudad de Palencia, 2002, organizadas por Julián Alonso y Marcelino García Velasco. Recuerdo que no cantó aunque todos los asistentes estaban deseando escuchar su inimitable modo de hacerlo, con aquella intensa emoción que erizaba los poros de nuestra piel hasta lo infinito. No fue posible porque había que pagar derechos de autor y los organizadores del evento que, siempre, llenó la sala tanto con él como con el resto de los otros poetas invitados, tres cada año. Y explico: la subvención que recibían para organizar Las Jornadas era tan escueta que cubría viaje, alojamiento, comida y poco más.


Luis Eduardo Aute
Debido a las buenas relaciones de Marcelino con los poetas mayores, y de Julián con los de nueva generación, amistosas y sólidas, ellos venían a Palencia por ese amor que nace de la generosidad y entrega a una vocación que les impelía a olvidarse del aspecto crematístico si era preciso. De ahí, que pasaran por Palencia en aquellas Jornadas los más importantes poetas españoles y extranjeros como Benedetti. 
La actitud solidaria nace no solo ante el dolor, en este confinamiento, de obligado deber y por respeto a los demás. Nada de hacer una escapadita de extranjis. Se sabe por la prensa que importantes personas “huyeron” para estar más protegidas, cuando, por sus cargos anteriores, deberían haber sido un buen ejemplo que imitar por el pueblo llano. Personas anónimas y profesionales destacados, donan tiempo y trabajo y creatividad para hacer ameno cada día a las familias con niños, ancianos que viven solos, jóvenes que deberán resignarse a la realidad de no dar un achuchón a sus amigos.
Vuelvo a Aute, se proyectó su película Un perro llamado dolor y leyó algunos de sus poemas. Le acompañaron Caballero Bonald y poetas de Astrolabio. Vino a casa y, hombre detallista, se fijó en las fotografías que tengo encima del piano. Le dije de quienes eran. Al mirar la de mi hija le comenté que se acostaba y se despertaba con su canción Al alba. Pidió permiso. Quitó el cristal y se la dedicó: “Para Carmen Teresa, enamorado de tus bellísimas manos…envidia de ser piano. Todo mi afecto”. Aute. Era un hombre de bien. Que descanse en paz. 
Imagen: La Voz de Galicia

Cuando Aute vino a Palencia
SENTIR DE LA PALABRA
Sección para "Curiosón" de Carmen Arroyo.

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