Revista Psicología

Cuando las palabras quieren salir

Por Rms @roxymusic8

¿Habéis experimentado alguna vez una borrachera literaria? Ocurre cuando se vive algo auténtico, también cuando se está pasando por un momento crítico, e incluso cuando se reciben gestos que llegan adentro. Hay veces que nuestra sonrisa, un abrazo o gesto de agradecimiento se transforman en palabras. ¡Y aun hoy hay borracheras literarias! Aun hoy, donde reina lo individual, necesitamos comunicarnos con los de nuestro alrededor. Es maravilloso contemplar este necesidad, vivirla e incluso recibirla.

¿Cómo es una borrachera literaria? Es un anhelo del corazón, una necesidad del alma y un querer de nuestra voluntad. Las palabras se amontonan en el corazón, pasan por nuestra alma para ser purificadas y, finalmente, nuestra inteligencia las ordena para poderlas comunicar y hacernos llegar a los demás. ¿Quién mueve este torrente de palabras? El vivir plenamente, insertos en la vida, relacionándonos con las personas que se crucen en nuestro caminar. Estas borracheras son un analgésico en muchas ocasiones porque tendemos a acumular las palabras en nuestro interior creando así bloques que dañan. Y no siempre actúan como analgésico de dolor sino de amor. Las palabras acercan a las personas, ayudan a conocerlas y, por tanto, a amarlas. ¡Qué bien hace una conversación de tú a tú!

Hace apenas dos semanas me adentré en una de estas borracheras literarias. Siendo una experiencia muy enriquecedora por acercarme a las personas, conocerlas y darme a conocer. ¿Lo mejor? Lo que se recibe, lo inesperado de las respuestas, el llegar a lo profundo de las cosas. La borrachera literaria no hay torrente de miedo que la pare, si no es hoy será mañana, pero lo que necesita ser comunicado sale sin pedir permiso. ¡Qué privilegio el poder conversar en intimidad, en cercanía, en confianza! ¿Qué hace auténtica una borrachera literaria? Cuando las palabras quieren salir y al otro lado hay una persona que quiere escucharlas, acogerlas y confirmarte si son ciertas o necesitan un matiz. Y así fue, una semana de continuas conversaciones personales con una paz interior sorprendente. Quizás ésta sea otra de las características de una auténtica borrachera: el encontrar en ella paz y tranquilidad de poder expresar aquello que preocupa o inquieta, y de hacerlo sabiendo que quien se tiene delante te escucha sin prejuicios, sólo estando pendiente de aquello que se le comparte.

Y sin ir más lejos, hace dos días, en un experiencia de estas auténticas, volví a verme inmersa en una borrachera literaria múltiple. Por escrito o de forma oral, muchas personas nos vimos en la necesidad de comunicar una vivencia personal y nuestra gratitud por haber podido vivirla como la vivimos: en unidad, en comunión. Un gracias se quedaba corto aunque fuera el mensaje de fondo, la esencia de todas las palabras que se dijeron. Es bonito presenciar tal borrachera desde diferentes personas, con la variedad de personalidades que allí me encontré. Cada uno, a su manera, con más o con menos palabras o emoticonos, se acercó a los demás con un gracias escondido entre palabras que hablaban de algo que se había vivido de forma personal. Es un momento único, sí, auténtico, puro. No son palabras paja, no se quiere quedar bien. Es un mismo latir dentro de unos corazones que se juntaron para vivir una noche diferente.

Y me pregunto, ¿qué tendrá la vida para ser comunicada?


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