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Cuando ser una empresa disruptiva no es suficiente: el caso Uber

Publicado el 25 noviembre 2014 por Jongs @JonGS

New-Logo-Vertical-DarkUna vez más, Uber ha sido protagonista de los portales tecnológicos por una nueva polémica. En una cena que la compañía organizó en Nueva York, con invitados de altura como Edward Norton o Arianna Huffington, al Vicepresidente de Negocio, Emil Michael, se le ocurrió la brillante idea de contarle al editor jefe de BuzzFedd, Ben Smith, que Uber debería gastarse un millón de dólares en investigadores privados para espiar la vida intima de los periodistas y sus familias con el fin de frenar las críticas negativas que estaban recibiendo. Quizás Smith se había animado más de la cuenta con los caldos que allí se servían y no era consciente de la repercusión de sus palabras, pero lo normal es pensar que si le dices eso al editor jefe de BuzzFeed, la mecha no tarde en encenderse. Para sorpresa de algunos, Michael no ha dimitido ni ha sido cesado. O quizás, sus comentarios se sacaron de contexto y se trata de una sucia táctica para desprestigiar a la compañía.

Este último suceso se une a una serie de infortunios como  una promoción sexista ejecutada por la sede de Uber en Lyon y la eliminación de un post que decía ¿Quién dice que las mujeres no saben conducir? La promoción emparejaba a usuarios de Uber y a “chicas calientes”, y el ganador era premiado con un viaje a bordo de un coche conducido por una de esas chicas. Esta promoción fue especialmente criticada por la periodista Sarah Lacy en su post “The horrific trickle down of asshole culture: why I’ve just deleted Uber from my pone”.

La cantidad de enemigos que Uber está cosechando es enorme e incluye a periodistas, Gobiernos, estados, taxistas, competidores, rivales, reguladores, y hasta ciegos, que por diferentes motivos, se han visto amenazados por la compañía. Pero, ¿puede una empresa mantener el éxito mientras su reputación no hace más que descender?. Parece ser que de momento sí, teniendo en cuenta que a fecha de hoy Uber está operando en más de 200 ciudades de 45 países, y se encuentra valorada en 25 billones de dólares.

El juego sucio con sus competidores tampoco cumpliría los principios de ética empresarial. Uber y Lyft han reservado en masa viajes de la competencia para más adelante cancelarlos y de esa forma intentar eliminarse mutuamente del mercado.

Nadie duda de la importancia de Uber como empresa visionaria, disruptiva, necesaria incluso, que al igual que otras compañías como Tesla o Airbnb han nacido para cambiar el estado de las cosas de manera radical y no ser meras seguidoras de tendencias. Estas empresas son necesarias porque enarbolan mejor que nadie el proceso de destrucción creativa que visionó Joseph Schumpeter en su libro Capitalismo, socialismo y democracia.

La figura del emprendedor innovador define a estas empresas pero en ningún momento las exime de responsabilidades. Mientras por ejemplo Airbnb, a pesar de mantener disputas con reguladores, se esfuerza por generar un clima de confianza y “buenrollismo” con sus clientes, lo que a su vez es trasladado a las páginas escritas, Uber carece de esa virtud o forma parte de su estrategia el querer ser visto como un rottweiler.

En un contexto donde los principios económicos del Neoclasicismo están dando paso a teorías evolucionistas, y donde palabras como “coopetition” (de la suma de cooperación y competencia) sustituyen a “competition”, el mantener relaciones negativas con tus “stakeholders” no es algo que ninguna empresa se pueda permitir, aunque esa empresa se llame Uber.


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