Revista Opinión

Cuando un hombre ama a una mujer

Publicado el 08 diciembre 2019 por Carlosgu82

Ella tenía un corazón tan grande que un buen día quiso dividirlo en mil corazoncitos. Eran de un rojo brillante, con dibujos de espirales y salpicados de purpurina. Fiesta infantil, hotel lujoso y quizá también lujurioso o una Navidad bien llevada para el adulto más adulto. Mano sobre mano, ella los depositó en las de él y al hombre le dio tanto miedo que tuvo que subirse a un avión buscando otros lares pero no pudo dejar de sujetar, en su mano, el regalo más bonito que jamás le habían hecho. Para poder conducir tuvo que guardar todos los corazoncitos en una bolsa de plástico transparente que halló a un lado de su asiento. La cerró cuidadosamente y suspiró. Sin embargo, la garra de un demonio rompió el recipiente y todos los corazoncitos salieron volando por la ventana. "¡No puedo permitirlo!" Se decía él, aturdido. ¿Él? ¿Tanto la amaba? Impulsivamente se lanzó a por ellos y ella lloraba, chillaba, se sentía como el agua cuando choca con la roca. Sabía de su mala cabeza pero creía que solo sería un momento álgido si realmente la quería y no un catastrófico final. Él, pudo recogerlos todos, no me preguntéis cómo se las apañó. Y él sonreía, sonreía mientras el abismo se abría creyéndose ya dueño de un sueño más. Ella chilló "¡No!" Llevándose las manos a la cabeza. Lloraba ininterrumpidamente,como si se tratara del fin del mundo o su propio mundo. Pero entonces desde una lejanía cercana, él le sonrió, abrió el paracaidas y aterrizó habiendo hecho suyo el tesoro más querido. ¿Qué más da cómo fueran aquellos dos que se amaban? Y... ¿los coranzoncitos? No hizo falta que él los tuviera, se repartieron por todo el mundo dando aliento al solitario, al despechado, al huérfano, al insomne funcionando además como cupidos sin flechas.

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