
La visita de la escuadra rusa a Cuba es más que simbólica. Diaz Canel, como lo hiciera Fidel por muchos años, está enviando un doble mensaje, primero a Estados Unidos en el que le demuestra que no está solo, después, al pueblo cubano, para que no escenifique más protestas porque los "bolos", así se les dice a los rusos en Cuba, están listos para aplastarlos.
El sátrapa cubano se sabe débil y no esta muy convencido del respaldo que puedan darle los moncadistas si la presente crisis se profundiza aún más. La insatisfacción nacional trasciende el sempiterno rechazo de los opositores, es el pueblo llano quien impugna al gobierno y de seguro Diaz Canel sueña que un día cualquiera el mas leal de sus esbirros le diga," No, señor, no es una rebelión, es una revolución ", que ojala, sea de una naturaleza bien distinta a la que lideraron los Castro.
La posición que detenta el dictador depende de Raúl Castro, el verdadero dueño de la otrora Perla de las Antillas. El patrón de Miguel tiene 93 años, y aunque su sombra es aún poderosa, es de esperar que se desdibuje más pronto que tarde.
Por otra parte, los aliados y asociados al castrismo en el exterior procurarán tirarle un salvavidas y repetirán el cuento de que el régimen está cambiando, una colosal mentira. El totalitarismo cubano suma a su sempiterna agresividad una concepción absoluta del poder, para ellos, el todo o nada, es tan importante como la vida misma.
La visita de esta escuadra y los frecuentes viajes de altos funcionarios cubanos a las metrópolis de Moscú, Pekín y Teherán indican que los gobernantes de la Isla no tienen en sus mentes relajar el control que ejercen sobre la población voluntariamente, lo que habrá de ocurrir, no tengo dudas, cuando los cubanos decidan de una vez por todas asumir los derechos a los que tienen derecho, como diría el mártir Osvaldo Paya.
Pedro Corzo ,Periodista