Revista Cultura y Ocio

Cuentos completos, por Juan Carlos Onetti

Publicado el 03 junio 2012 por David Pérez Vega @DavidPerezVeg
Editorial Alfaguara. 536 páginas. 1ª edición de los cuentos desde 1933 hasta 1994. Esta edición es de 2009. Prólogo de Antonio Muñoz Molina. El primer libro que leí a Juan Carlos Onetti (Montevideo, 1909-Madrid, 1994) fue Dejemos hablar al viento (1979), en una fea edición de quiosco, con la letra apretada, que encontré en la biblioteca de Móstoles, allá por el año 1995, no mucho después de que hubiera dejado de ser casi en exclusiva un lector de ciencia-ficción y terror. Tengo el recuerdo de que me costaba penetrar en las claves de lo que leía. Era como si, de un libro de 700 páginas, me hubieran dado un fragmento aleatorio; por ejemplo, las páginas de la historia que iban de la 300 a la 570. Y recuerdo también con intensidad, a pesar de la dificultad que planteaba el texto, el deslumbramiento con que me acercaba a la musical prosa que proponía la novela; quizás aquellas páginas eran las que estaban mejor adjetivadas de todas las que había leído en mi vida. Dos meses después saqué de la biblioteca El pozo (1939), que se considera la primera novela moderna hispanoamericana. Y de esta recuerdo su sequedad, su desolación, su triste visión del ser humano, tan entroncada con el existencialismo francés de Albert Camus o Jean Paul Sartre. Me resulta extraño pensar que no volví con Onetti hasta 12 años después, cuando leí seguidas tres de sus obras. La primera fue Cuando ya no importe (1993), su última novela publicada, que no me pareció tan potente como las dos que tenía en el recuerdo. Le siguió Juntacadáveres (1964), y aquí sí tuve de nuevo la sensación de encontrarme ante uno de los más grandes escritores hispanoamericanos. Estas dos novelas llevaban años descansando en mi estantería de inleídos. Para la tercera acudí de nuevo a la biblioteca de Móstoles y saqué El astillero (1961). Y aquí he de reconocer que experimenté ya un hartazgo de la prosa densa y detenida de Onetti. En algún momento tendré que darle una nueva oportunidad a este libro. Además de que habían transcurrido 12 años entre mi primer acercamiento a Onetti y el segundo, tenía la sensación de que el mundo que había creado, Santa María, se me estaba escapando: no conseguía ubicar a los personajes que se repetían de un libro a otro. Y sabía que lo siguiente que debía leer de Onetti era o bien su novela La vida breve (1950), donde se inicia el faulkneriano ciclo de Santa María, o el volumen de sus Cuentos completos. Ganó el segundo, aunque han pasado de nuevo 5 años. El primer cuento de este volumen se titula Avenida de Mayo-Diagonal-Avenida de Mayo (1933), y está escrito por un Onetti que como mucho contaba con 24 años. En él ya encontramos algunas de las claves de su obra: el hombre ensimismado que prefiere soñarse a sí mismo antes que afrontar la derrota de la vida (en este caso un sueño literario) y la densidad de la prosa que hace que el lector tenga que estar atento a cada detalle para no perderse las claves de lo contado (empecé a leer este cuento en un bar tomando un café y lo tuve que volver a empezar pasadas unas páginas). Le sigue un cuento bastante cifrado, El obstáculo (1935), y tras algunos acercamientos intrascendentes al género negro, como los cuentos El fin trágico de Alfredo Plumet (1939) o Crimen perfecto (1940), en la página 71 llegamos a la primera obra maestra de este conjunto: Un sueño realizado (1941), sobre un promotor de teatro que recibe el encargo de recrear en escena el sueño de una extraña mujer. Poco después, en la página 92 nos encontramos con otro de mis cuentos favoritos de este volumen, el titulado Bienvenido, Bob (1944): una sutil narración sobre el fin de la juventud y el comienzo de la venganza, con dos páginas finales que he leído varias veces, como si estuviese ante un libro de poemas. Termina así: “Y queda en paz en medio de sus treinta años, moviéndose sin disgusto ni tropiezo entre los cadáveres pavorosos de las antiguas ambiciones, las formas repulsivas de los sueños que se fueron gastando bajo la presión distraída y constante de tantos miles de pies inevitables” (pág. 100). Leyendo cuentos como Bienvenido, Bob aturde pensar que Onetti afirmaba que no corregía lo que escribía: “Yo no corrijo, porque no sé escribir mal”, una frase que parecería de una soberbia inaudita en la boca de casi cualquier escritor, pero que sin embargo en Onetti (un Onetti que no ha sido tan leído como sus compañeros del boom Gabriel García Márquez o Mario Vargas Llosa, y en realidad esto se ha debido seguramente no a tener una calidad inferior a ellos sino a un mayor grado de hermetismo y a una narrativa más desolada) se pueden leer con admiración y naturalidad. Los dos cuentos que he destacado también los nombra Antonio Muñoz Molina, en su entusiasta prólogo, entre sus preferidos. No comparto, sin embargo, su elección de La casa en la arena (1949), ya que aunque en él aparece por primera vez Santa María y alguno de sus habitantes, como el doctor Díaz Grey (algo que va a ser habitual en los restantes cuentos del libro), la densidad y el nivel de significados no accesibles de la narración se me han hecho excesivos. Me han gustado más algunos cuentos de los que no había oído hablar nunca y que me han parecido de intencionalidad más clara, como Regreso al sur (1946) o Esbjerg en la costa (1946). Hablando del hermetismo o la claridad, he disfrutado bastante más de la novela corta La cara de la desgracia (1960) que del cuento previo La larga historia (1944), siendo aquella una versión extendida de este cuento, una versión donde los elementos en juego quedan más a la vista y el lector puede penetrar de forma más precisa en las claves de lo narrado. Voy a destacar también la grata sorpresa que ha sido la novela corta Jacob y el otro (1961), que creo que contiene en una frase una de las claves de la obra de Onetti: “Recordó a Van Oppen joven, o por lo menos aún no envejecido; pensó en Europa y en los Estados, en el verdadero mundo perdido: trató de convencerse de que Van Oppen era tan responsable del paso de los años, de la decadencia y la repugnante vejez, como de un vicio que hubiera adquirido y aceptado” (pág. 261); y en esa decadencia y repugnante vejez se encuentra uno de los puntales de la escritura de Onetti, plagada de hombres de mediana edad que miran con envidia a jóvenes, que pueden disfrutar del encanto de las muchachas en flor, o directamente a chicas, a veces casi niñas, con un detenimiento imposible. El que, según Mario Vargas Llosa, es el mejor cuento de Onetti y también el mejor cuento de la literatura en español, El infierno tan temido (1957), lo he leído dos veces. Una al alcanzar la página 190, cuando correspondía, y otra vez al finalizar las 536 del libro, porque la primera lectura de sus 16 páginas tuve que realizarla con dos cortes, con varias horas entre los 3 fragmentos leídos, y me había quedado con la sensación de que no había disfrutado de ese relato como debería. Al finalizar el libro he vuelto a él y lo he leído de seguido: ha sido otro cuento. Deslumbrante. Y más después de haber leído las últimas composiciones de esta obra: a partir de la página 421, del cuento Los amigos (1979) o quizás un poco antes, las narraciones tienden a disminuir su número de páginas y también a perder calidad, como si Onetti hubiese sido víctima de un notable agotamiento creativo. El cambio de escenario (en la página 413 aparece Madrid) y la nueva temática –la del exilio y la denuncia de la dictadura– no consiguen renovar el talento de Onetti. En realidad, y como ya he apuntado, lo he sentido con más fuerza al releer El infierno tan temido, parece falso que alguien que escribe cuentos nada más que correctos –o incluso mediocres, como Tu me dai la cosa me, io te do la cosa te (1994) o Maldita primavera (1994)– haya podido escribir obras maestras como Bienvenido, Bob, Un sueño realizado o Jacob y el otro. En todo caso, a pesar de estos altibajos comentados, estos Cuentos completos contienen algunas de las mejores páginas que he leído en mucho tiempo, algunos de los mejores cuentos con los que me he encontrado. Mientras leía estos Cuentos completos me pasé una tarde por la librería de segunda mano Ábaco, en la calle Raimundo Fernández Villaverde, y compré dos libros: Los adioses (1954), que según Antonio Muñoz Molina es para muchos la obra maestra de Onetti, y que es –de nuevo según Muñoz Molina– una de las dos o tres mejores novelas cortas que se han escrito en español. Y La muerte y la niña (1973), novela corta contenida en estos Cuentos completos, y que me apeteció tener porque esta que compré es la primera edición de 1973, de la editorial argentina Corregidor, está muy bien conservada y por 9 euros me apeteció darme un capricho de bibliófilo. Así que por ahora tengo pendiente de nuevo con Onetti Los adioses y La vida breve. Después de casi tres años escribiendo sobre libros en este blog, ya era hora de que hablara del que considero uno de los más grandes escritores en español del siglo XX: Bienvenido, Onetti.

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