Todos andamos de cabeza intentando sacar adelante, contra viento y marea, algo parecido a una existencia
digna pero necesitamos pararnos un poco, tomar el aire, salir del espanto para volver al ajo después. En mi caso confieso que eso lo consigo con la familia o saliendo a rodar en bici, sin rumbo, sin tiempo, liberando la mente y con la esperanza oculta de encontrar a la siguiente curva un lago de esos verdes, de los Pirineos, al borde del cual sentarme a ver caer los primeros copos de nieve (Hala, ya me he confesado). Nada, cosas de un cerebro raro como el mío.
Pero hay algo que no falla nunca. Algo que tiene el poder de salvarnos de descubrirme otros mundos y teletrasportarme a otras realidades sin necesidad de pasaportes o billetes de avión lejos de la debacle social esta que estamos padeciendo los mortales que no tenemos para paraísos fiscales, ni siquiera para llenar la hucha del cerdito al que sabemos que jamás le llegará su San Martín. Ese objeto mágico es sin duda un buen libro, gordo, delgado, con mucho texto o un cómic, da igual. Ningún libro es malo si nos dice algo.
Este sábado celebraremos el día del libro. Apuntad esa fecha aunque sea con rayitas en la pared, como los 
Aprovechad para acercaros estos días a las ferias del libro que se celebrarán cerca de donde vives, 
Seguro que si en este país se leyese más otro gallo nos cantaría porque no hay nada más incómodo para 
Propongo una cosa, retomemos la propuesta de la genial – y amiga- Fani Grande y hagamos un nuevo escrache literario (léelo si no lo conoces, es genial). Persigamos libro en mano a todos los energúmenos que nos atormentan o a todos aquellos, amigos, vecinos familiares a los que nos gustaría decirles “¡TOMA! LEE ESTO. POR DIORRR” y te quedarías tan pancho. Hagámoslo estos días. Te pondrán cara de trastornados y mirarán el libro como diciendo “¿Esto dónde tiene el puerto USB?” pero les estarás haciendo un favor. Regalemos algo para que lean y que puedan abrir los ojos, el mundo nos lo agradecerá.

