Revista Sociedad

Cuida lo que sale de tu boca

Publicado el 30 noviembre 2017 por Ronerborg @unanimeradionet

Por fin. Ana sale de la casa… con atraso y corriendo hacia la parada del autobús. Al fin, salta al primer escalón del autobús y sube antes de que se cierre la puerta. “¡Uf, lo logré otra vez!”, agita su pase de estudiante delante del conductor enfadado, quien soporta las proezas de Ana todos los días.

Se dirige a la parte trasera, donde siempre se sientan sus amigas de la escuela. “¡Hola!”, dice y se deja caer en medio de las chicas, que apenas si responden a su saludo. ¿Por qué? Porque están absortas en enterarse de los últimos chismes y pasárselos a las demás. ¡Qué bien!, piensa Ana y se une con ganas a la charla. Sin duda, ¡está como pez en el agua!

“¿Te enteraste?…”, comienza una de las chicas y empieza a chismear. Otra chica interrumpe: “Yo escuché otra cosa”. Con rapidez, Ana agrega lo que sabe a los demoledores chismes, y las chicas critican a todo el mundo: las actividades, la ropa, las decisiones, la reputación y los logros de las personas. No hay temas prohibidos, sean buenos, malos y… en especial… desagradables.

La verdad acerca del chisme

La palabra chisme no parece demasiado terrible, ¿verdad? La busqué en el diccionario que lo describe como una conversación informal sobre otras personas. Eso tampoco es tan terrible. Sin embargo, ¿qué me dices de otra palabra? ¿Qué te viene a la mente cuando escuchas calumnia? Un calumniador es alguien que hace una afirmación falsa o dañina sobre la reputación de otra persona. Ahora bien, eso es distinto por completo. Aun así, la calumnia y el chisme pueden estar muy relacionados, y puede ser difícil distinguirlos.

La Biblia contiene una lista de cualidades admirables para las mujeres cristianas de todas las edades. En Tito 2:3-4, leemos que las mujeres mayores deben usar lo que saben para “aconsejar a las jóvenes”. Una de esas lecciones de vida es “que no sean calumniadoras” (RV 95). Esto significa que el chisme y la calumnia no son cualidades piadosas y, por lo tanto, están prohibidas. A ciencia cierta, es difícil no chismear, pero el chisme no debe tener lugar ni parte en nuestra vida.

La palabra calumniador se usa muchas veces en la Biblia, y tiene un significado aterrador. Viene de la palabra latina díabolos, que significa un chisme malicioso o un falso acusador. La palabra se usa treinta y cuatro veces en el Nuevo Testamento como un título de Satanás. También se usa para describir a Judas, el discípulo que traicionó a Jesús, y a quien Él llamó un diablo (Juan 6:70). Además de estas referencias, calumniador se usa en Tito 2:3 y en 1 Timoteo 3:11 en referencia a las mujeres y significa, literalmente, diablas.

No es una buena compañía, ¿no es así? No es un pensamiento agradable que te agrupen con Satanás, Judas y las mujeres calumniadoras. Incluso Ana se sentiría avergonzada de chismear si se diera cuenta de que actuó como una diabla al calumniar a los demás.

Hay tres categorías de chisme:

El chisme malicioso. Esta clase de chisme es hiriente de manera consciente y deliberada. Está basado en la envidia y arraigado en un egoísmo flagrante. Está diseñado para romper relaciones y destruir amistades. Y puede manifestarse en toda clase de malas obras.

La racionalización. La racionalización es mucho más sutil que el chisme malicioso. El gran peligro es que a menudo surge del autoengaño. Arraiga da y apoyada en las mismas motivaciones que el chisme malicioso, la persona que racionaliza se convence de que lo hace por el bien del otro. Tal vez se disfrace como un interés para orar y una preocupación personal. Sin embargo, la racionalización es muy destructiva.

El chisme «inocente». Esto supone una persona que en verdad está preocupada, pero que a la vez es poco prudente e insensible a los sentimientos de los demás. A veces, la motivación del chisme inocente es un deseo de ayudar, pero el que chismea quizá intente probarles en realidad a los demás lo útil que es en verdad. En esta situación, hay una línea muy delgada entre las motivaciones egoístas y generosas. Todos los cristianos debemos ser conscientes de esta clase de chisme.

Apunta a un vocabulario piadoso

Es evidente que el vocabulario piadoso va mucho más allá de no chismear. También incluye la decisión de no mentir, decir malas palabras, chistes verdes, ni usar palabras sugestivas de índole sexual o lenguaje obsceno (Colosenses 3:8). Sin embargo, el chisme a veces puede parecer inofensivo. Además, todos lo practican. ¿Qué me dices de ti? ¿Estás preparada para apuntar a un vocabulario piadoso?

¿Cómo puedo evitar el chisme?

  • Piensa lo mejor de los demás. Da por sentado lo mejor de la manera de actuar de otros. Pon en práctica las pautas de Filipenses 4:8 sobre lo que escuchas de los demás. “Consideren bien todo lo verdadero, todo lo respetable, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo digno de admiración, en fin, todo lo que sea excelente o merezca elogio”.
  • Habla con tus amigas sobre el chisme y hagan un pacto para no volver a hacerlo. Comunícales a las personas más cercanas a ti tu deseo de crecer en este aspecto. Cuando tropieces, pídeles que te lo digan.

  • Ten cuidado en los lugares donde siempre hay chisme. Las actividades como fiestas, pasar la noche en casa de una amiga, grupos que se reúnen en el vestíbulo de la escuela o a la hora del almuerzo y conversaciones telefónicas son un marco ideal para el chisme.

  • Nunca des nombres. Cuando cuentas una historia, aunque sea buena, sobre alguien y dices de quién se trata, te arriesgas a que alguien diga: “El otro día, tu nombre estuvo hablando de tal y cual cosa”. En general, la historia se distorsiona al pasar de boca en boca.

Si mantienes la boca cerrada, es difícil chismear. ¿Alguna vez escuchaste el dicho: “Es mejor callar y parecer tonto que abrir la boca y demostrar que lo eres”? Bueno, ¡no digas nada! Tendrás una gran ventaja.

GUÍA DE UNA JOVEN PARA LAS BUENAS DECISIONES
Elizabeth George


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