
El hombre que cultiva la tierra se cultiva a sí mismo. Tiende puentes entre la tierra y el cielo, entre él y los demás. Ennoblece lo que hasta entonces era yermo e indiferente. El jardín es una escuela en la que aprendemos a vivir con rectitud. Nos abre los ojos para que comprendamos la causa última de las cosas y también su efecto. En este sentido, es una fuente de sabiduría y de virtud. (Los jardines de los monjes, Peter Seewald y Regula Freuler)
