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Culiparlantes

Publicado el 23 noviembre 2020 por ArÍstides
CULIPARLANTESfuente: verne.elpais.com

"Un dilema es un político tratando de salvar sus dos caras a la vez". John A. Lincoln

Es un término peyorativo, que algunas fuentes sitúan erróneamente en 1812 con la Constitución de la Pepa, porque ya se hallan referencias escritas a mediados del siglo XVIII. Con esta palabra se designa aquellos parlamentarios que van a calentar la silla y a votar lo que indica la voz de su amo, tal cual. Antiguamente, para realizar este acto, debían ponerse de píe y manifestar su deseo afirmando o negando. En la actualidad, la tecnología les ha ahorrado el esfuerzo y basta con que pulsen un botón, lo que no es garantía de que lo vayan a hacer bien, porque los hay que se confunden y quienes pulsan el suyo y el de un compañero que está por llegar, o que simplemente están a sus cosas.

Los culiparlantes son elegidos para representar a la circunscripción por la que fueron votados, y para tal fin tienen unos buzones a disposición de todos los ciudadanos. Lo triste es que pasadas las elecciones nadie sabe qué culiparlantes les corresponden para dirigirse a ellos con el fin felicitarles por su arduo trabajo en pos de la patria o para ciscarse sobre todos sus ancestros por tanta obediencia ciega al partido.

Muchos de ellos precisan de su escaño para vivir, y por ello no lo sueltan ni con agua hirviendo. Su discurso es que trabajan para los votantes y confunden aviesamente las órdenes del partido con "lo que los ciudadanos nos piden"; así, literal. Y ahí los tenemos, sin oficio ni beneficio, viajando en clase business y con dieta, que nadie sabe para qué sirven, a sus respectivos parlamentos, llámense autonómicos, estatal o de Estrasburgo.

Al culiparlante, además de votar a su jefe, se le pide el aplauso desmedido para los suyos y el pitido y abucheo para el contrario. No se busca, entre sus virtudes, la oratoria ni el ingenio en la esgrima parlamentaria, ¿para qué?. Su labor es vitorear con fervor desmedido y adornar la faena con palmas y olés, que el mesías de su partido realiza en el ruedo. Lo suyo va de peloteo y de festejar lo propio mientras se critica al contrario. Vamos, que si fueran british este texto no iría de culiparlantes, sino de hooligans.


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