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Cultura taurina

Por SubbÉtica Taurina

Os dejo este interesantísimo artículo que Miguel Forcada Serrano publicaba ayer en la sección de Opinión de Diario CÓRDOBA. Merece la pena su lectura y sobre todo, las reflexiones que surgen tras la misma.

CULTURA TAURINA
Podría ocurrir en el futuro, aunque en mi opinión no resulta probable, que la lidia del toro bravo quedara prohibida en España e incluso en el resto del mundo.
Aceptemos como hipótesis que tal cosa podría ocurrir. Ahora bien, ¿supondría ello que la tauromaquia quedaría erradicada y olvidada como bien de interés cultural?
En los dos últimos años, varios Ayuntamientos (entre ellos el de Priego de Córdoba en diciembre de 2011) y numerosas instituciones andaluzas y de otras comunidades autónomas, han solicitado la declaración de la tauromaquia como Bien de Interés Cultural y hasta la consideración de Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. ¿Están equivocadas estas instituciones y Ayuntamientos? ¿Sus peticiones son retrógradas, antisociales o simplemente son "políticamente incorrectas" en la actualidad?
Para defender los valores de la tauromaquia se ha recurrido habitualmente a Ortega y Gasset (su famoso párrafo que comienza diciendo que la tauromaquia "es un hecho todavía arcano, de importancia tal-") y a García Lorca (su contundente frase "Creo que los toros es la fiesta más culta que hay en el mundo", demoledora para la gente de izquierdas por venir de quien viene) y en el campo de las artes plásticas, a Goya, Picasso, Baroja, etcétera.
Hay otros intelectuales defensores de la tauromaquia menos citados, cuyas opiniones resultarían hoy más polémicas. Por ejemplo Eugenio D.Ors, catalán por más señas, escribió que la fiesta de los toros es "hija de la íntima fuente, popular y espontánea de un grupo humano, que encuentra ahí la expresión inconfundible de su carácter, cual si la existencia de aquella y su estilo fuesen dictados por la misma naturaleza, no la naturaleza en general, esta vez, sino la diferencial, la que da al grupo en cuestión una histórica solidaridad de casta". Habla Eugenio D.Ors de las señas de identidad de la nación e inmediatamente surge la actualísima y crucial polémica: ¿qué nación?. Si el objetivo es marcar diferencias de tipo identitario, el resultado es lo ocurrido con el nacionalismo catalanista: la prohibición de la tauromaquia para diferenciarse de España. En el País Vasco, en cambio, el arraigo de la tauromaquia es tan grande que o tendrían que renunciar a Navarra (puesto que Navarra nunca va a renunciar a sus "Sanfermines"), o tendrían que defender que los toros son marca de identidad solo suya y no de España, todo lo cual sería enormemente divertido.
Pero dejemos ya el pensamiento complejo de Eugenio D.Ors y centrémonos en nuestra hipótesis inicial. La defensa de los valores éticos y culturales de la tauromaquia no es cosa del pasado, sino algo muy actual.
Hay que leer con la mente libre, sin orejeras ideológicas, con valentía, ese libro titulado "Tauroética" del filósofo Fernando Savater, y los artículos de Fernando Sánchez Dragó o los de Vargas Llosa y también, por supuesto, los de Rafael Sánchez Ferlosio o Manuel Vicent. Si uno los lee en libertad (es decir, sin orejeras ideológicas) es seguro que al menos se verá obligado a asumir algunas de estas actitudes:
1.- Aceptar la duda sobre si son positivos o negativos los valores que atribuimos a la tauromaquia.
2.- Como consecuencia de esa duda, respetar las opiniones y conductas de quienes piensan que hay valores defendibles en la tauromaquia.
3.- Descartar el odio que rezuman algunas manifestaciones de los antitaurinos. Sí, tratar poco menos que de asesinos y caníbales a quienes van a las corridas de toros no es que sea poco democrático con las opiniones ajenas, sino algo más.
Y es que, como ha escrito recientemente Mario Vargas Llosa refiriéndose a este tema, "el odio obnubila la razón y astraga la sensibilidad" y por lo tanto tenemos los amantes de la tauromaquia sobradas razones "para seguir defendiéndolas contra la prohibición, la última ofensiva autoritaria, disfrazada como es habitual, de progresismo".
Pero es que hay todavía más. Aunque pueda parecer un consuelo póstumo, tengo una cosa muy clara. Si algún día la fiesta de los toros quedara prohibida en España y en el resto del mundo, la tauromaquia permanecería viva para siempre en el ámbito de la cultura: las "Tauromaquias" de Goya y de Picasso (y otras menos conocidas pero no menos valiosas) ocupan desde mucho antes de Goya y hasta siempre en el futuro, un amplio y rico capítulo en los anales de la cultura.
Por todo ello, pienso que es hora ya de superar ese absurdo complejo de inferioridad cultural que padecemos los aficionados al arte taurino; es hora de enfrentarnos al movimiento racionalista remilgado, aséptico y castrante, falsamente ilustrado, que hoy nos acosa; es hora de poner en valor la inteligencia emocional, pues la felicidad está en las emociones más que en la razón; es hora de recuperar las ideas de un nuevo romanticismo y de entender por fin, que el corazón tiene razones que la razón no comprende-
La declaración del Ayuntamiento de Priego podría haber sido un "brindis al sol" propiciado por la reinauguración de nuestra más que centenaria plaza de toros, brillantemente restaurada. Pero un brindis al sol puede olvidarse fácilmente; en cambio, si el Ayuntamiento de Priego cree de verdad que los toros son cultura, tendrá que demostrarlo. Este es el reto.
Queremos que la tauromaquia sea arte vivo en la plaza, pero también queremos que los valores culturales que la tauromaquia encierra, se pongan de manifiesto de forma palpable, evidente, indiscutible. Y por eso hemos pedido esta exposición del Museo Taurino de Córdoba en Priego. En ella están Julio Romero de Torres, Mariano Benlliure, Venancio Blanco, Mateo Inurria, Ginés Liébana, Daniel Vázquez Díaz y otros preclaros artistas que demuestran con su obra el inconmensurable potencial creativo que la tauromaquia ofrece a las artes plásticas.
Podemos multiplicar exposiciones como esta y se comprenderá que no solo la pintura, la escultura o la fotografía han creado obras maestras en torno al arte taurino, sino también la música, la poesía o el cine. En todo caso, esta exposición demuestra que la tauromaquia forma parte indisoluble de la cultura. Lo que equivale a decir que, aunque desaparezca la lidia en el futuro, nadie podrá acabar con la cultura taurina.

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