
35 HUMILLACIÓN
El funcionario, un cacho de carne con ojos en mangas de camisa, dice:
Todas las cosas de metal que tenga
sáquelas y déjelas sobre esa mesa.Luego, mi abuela, apoyándose en su muleta (hace un año se rompió la cadera al caer de espaldas al suelo mientras limpiaba los cristales de la ventana de la cocina subida encima de una banqueta), pasa por el detector de metales,y el detector emite una serie de pitidos. A lo mejor es la muleta, dice mi madre. ¿Puede andar sin ella?
Bueno, sí, pero no querrá...
Que se la de a usted y que vuelva a pasar.
Y mi abuela, su largo pelo blanco recogido en un moño por detrás de la cabeza, un pañuelo negro cubriéndola, hace lo que le ordenan,y aún cojeando consigue que el detector pite otra vez. A ver, quítese ese pañuelo.
Mi abuela obedece. Seguro que son esas horquillas, así que hágame el favor de soltarse el pelo.
Mi madre explota: ¿pero no se le cae a usted la cara de vergüenza al hacer que una persona tan mayor tenga que pasar por todo esto para ver a su nieto? ¿Qué se piensa que somos nosotros? ¿No sabe usted distinguir a la calaña de las personas honradas?
Pero ya mi abuela, con su vestido gris, está pasando de nuevo por el detector con idéntico resultado que las dos veces anteriores, y el boqueras, un cacho de carne dice: ¡Quítese el vestido! Si quiere puede doblarlo y colgarlo del respaldo de esa silla de ahí.
Mi madre está tan indignada que no le salen ni las palabras.Y mi abuela, cojeando, despeinada, en enaguas, consigue cruzar al otro lado del detector de metales sin ser delatada. Ahora ya puede vestirse y pasar al locutorio.
No tiene usted perdón de Dios, le dice mi madre.Y mi abuela, que al ir a ponerse el vestido ha encontrado en un bolsillo una moneda suelta, se acerca al boqui y le dice: Perdón, señor, ¿sería esto lo que sonaba?
Y le pone delante de los ojos, a modo de espejo en miniatura, una peseta con la cara de Franco. David González en El demonio te coma las orejas (1997 y 2008).
Nota de DG: Humillación es uno de mis poemas fetiche. Mi abuela sí que era grande, no su nieto. Sobre dicho poema se hicieron dos ilustraciones. La primera es obra de Mik Baro y apareció en el legendario Vinalia Trippers, en su nº 7:

La otra ilustración es de Carlos Rodríguez Brea (Rivirichu), y que yo sepa no ha sido reproducida antes:

