
38 PESADUMBRE
Mi primera reacción (cuando al decirle a Silvia hay otro, ¿eh?,y ella, poniéndose roja, murmura que sí, que cómo lo sabes, que cómo te enteraste, que quién te lo dijo, sí, es verdad, hay otro) es mandarla directamente a la puta mierda, a tomar por el culo por ahí; en cambio, lo único que le digo es: Bueno, tía (el término tía significa también ramera), tranqui, no pasa nada, podemos seguir siendo amigos, ¿no?,y después salgo del locutorio, agachándome al pasar por debajo de la puerta, ya sabes, por lo de los cuernos.
Ya en mi celda
contemplo una fotografía de Silvia, una fotografía de cuando ella tenía catorce o quince años (ahora tiene dieciséis o diecisiete). Un primer plano de su cara sonriente. Utilizo el cigarro que estoy fumando para quemarle los dos ojos. Luego le tiro de los pendientes hasta que le arranco de cuajo las dos orejas. Inmediatamente le parto la nariz en dosy le rompo la bocay todos los dientes. Lo que queda de su cara lo arrojo por la taza del vátery acto seguido, hago encima mis necesidades fisiológicas, mis tres necesidades,y luego tiro de la cadena. Más tarde, por la noche, en la cama, pienso en ella. La echo mucho de menos. Ahora que ya no la tengo es cuando de verdad la echo de menos. La foto. David González en El demonio te coma las orejas (1997 y 2008).Nota de DG: Este poema siempre se ha titulado Nostalgia. Pero, ahora, al releerlo, me parece más acertado como título Pesadumbre.

