
40 PIEDRAS
Me tiraban piedras.
Me tiraban piedras
los de las celdas de castigo. El Taruco, El Rickyy El Ramonín. Me tiraban piedras todos los días, de dos a cuatro de la tarde, la hora de la siesta. Piedras no. Morrillos. ASÍ DE GRANDES. No sé por qué lo hacían. No sé por qué las habían tomado conmigo. Que yo recuerde, nunca les había hecho nada. Se agobiarían en el patio, ellos solos, imagino. Yo estaba acostado en la cama. la primera vez, leyendo la autobiografía del enemigo number one de Francia, un gánster al que se bajaron a balazos en París, en pleno centro, cuando salía de un taxi. La primera piedra atravesó la ventanay fue a estrellarse contra la mampara que separaba el baño del resto de la celda. Los cristales me cayeron todos por encima. Conservo uno: media luna en forma de cicatriz. Cuando la ventana se quedó sin cristales, los de las celdas de castigo se turnaban para aúparse a la repisa, agarrarse con una mano a los barrotesy tirarme las piedras con la otra. Piedras no. Morrillos. ASÍ DE GRANDES. Yo me refugiaba detrás de la mampara que separaba el tigre del resto del chabolo. En el resto del chupano se iban amontonando los pedruscos, ya ni me molestaba en sacarlos fueta. Conseguí tablas de madera,y clavos,y clavé las tablas al marco de la ventana. Las arrancaron.
41 COMPAÑÍA
algunas me hacen cosquillas
otras me hablan al oído. las más cariñosas me besan en los labios. son las únicas que me hacen compañía. las cucarachas. David González en El demonio te coma las orejas (1997 y 2008).
Nota de DG: ¿Nunca habéis despertado en un sitio en el que las paredes, el suelo, tu cama y tu cuerpo estaban cubiertos por familias de cucarachas? Mejor. Mejor que no, claro. Yo sí. Y salvo el chillido inicial, tampoco es para tanto. Ellas salen por la noche, a buscarse el sustento. Eso es lo que hay que entender. Que, en realidad, salvo su aspecto, no son tan diferentes a uno. Cuando entiendas esto, serás un poco mejor persona. Solo un poco. Pero quizá, no lo sé, para entenderlo tengas que sentirlas cubriendo tu cuerpo. Pero, ya te digo: Tampoco es para tanto.
