
42 LAS FIESTAS DE LA SOLEDAD En memoria de Begoña.
Me llaman desde la ventana del departamento de las mujeres.
La Maika.
¡Eh, Figura! ¿A que no sabes a quién tengo aquí?Pongo la mano encima de la frente, a modo de visera, y miro hacia la ventana: enmarcada entre los barrotes, como una postal, aparece una cara. La cara de Begoña. Recuerdo una tarde, hace años, en las fiestas de la Soledad, los niños la habían dejado sola, le habían dejado todos los caballitos para ella,y ella daba vueltas,y vueltas,y venga vueltasy más vueltas, todas las miradas puestas en sus muslos, en su culo y en sus tetas. Después se baja, se acerca a donde yo estoy (sentado en el capó de un coche), me coge por la cintura,y delante de todo el mundo, sin cortarse, me da un beso en la boca y me dice: Me gustas un montón, tío, pero eres demasiado golfo para mí.
Luego, una pensión de mala muerte. Ella y su hermano pequeño, Carlos, tirados encima de una cama deshecha. Ella, en bragas y en sujetador, esquelética, como si acabara de salir de un puto campo de concentración. Sobre la colcha hay una cuchara quemada, medio limón podrido, los envoltorios vacíos de dos jeringuillasy una papelina de caballo, abierta. Encima de la mesita de noche: recetas falsificadas de la SS, dinero, tabaco, encendedores, una botella de agua mineral de 2 litros, cajas de pastillas (Buprex, Rophinol, Tranxilium 50 y más máquinas). Begoña y su hermano pequeño se chutan. Después ella me mira y me dice: David, ¿te da más salir un momento? Es solo mientras me cambio de ropa.
Y la voz de Carlos: ¿Qué pasa contigo, Bego? ¿Qué te crees que David no ha visto nunca un coño?
Después, el funeral. El funeral por la muerte de tu hermano pequeño, de Carlinos, en la iglesia de San Pedro. El mar allá fuera. Los yonquis también. Para darte el pésame me veo obligado a pisar la sombra que forma tu cuerpo. Nos damos un abrazo. Te echas a llorar. ¡Me he quedado sola, David! ¡Me he quedado muy sola, tío!
La sombra de tu cuerpo,y no podía ser de otra manera, era una cruz. La cara de Begoña. ¡Pero, tía! ¿Qué haces tú aquí?
Nada, ya ves, lo mismo que tí.
¿Sabes una cosa?
¿Qué cosa?
Que estás muy guapa.
Es verdad. Lo está. Muy guapa. Las ojeras han desaparecido. Los pómulos ya no sobresalen tanto. Su cara tiene mejor color. Además se ha dejado crecer el pelo. Estás tan guapa como...
Iba a decir que como aquella vez en las fiestas de la Soledad, en los caballitos, pero prefiero callarme la boca. Es que está embarazada,
me grita la Maika. David González en El lenguaje de los puños (1997 y 2008).

