
52 JUGO DE NARANJA
Apenas te sostienes de pie. Son cinco días ya sin probar ni bocado. Los dos últimos, además, sin beber nada. Una huelga de hambre en plan salvaje. Piensas constantemente en comida. En la comida de la cárcel. En el agua tibia con cuatro lentejas. En los garibolos, que podrían servir muy bien para jugar a las canicas. En el arroz viscoso: prueba a tirarlo contra la paredy verás como se queda allí pegado. En las patatas fritas, frías y revenidas. En los huevos fritos, sin yema, cachos de cáscara rasgando la clara.
El Mellado entra en la celda.
Lleva una naranja en la mano. La naranja más grande que has visto en tu vida. Se la pasa de una mano a la otra. La lanza al aire, la recoge. Te mira, se cachondea: ¿Qué, pringao? ¿Cómo lo llevas? ¿Todavía no te has muerto?Se apalanca en la cama, a tu lado,y se pone a pelar la naranja. La pela despacio, sin ninguna prisa, cuidadosamente. Las mondas las arroja al suelo. No consigues apartar la mirada de sus uñas llenas de roña. El jugo de la naranja le resbala por los dedos suciosy deja por un momento de pelary se los chupa, haciendo todo el ruido de que es capaz, haciéndolo adrede, por supuesto. Se pasa la lengua por los labios. Relamiéndose. Como lo perra que es. Algunas gotas han caído sobre la almohada, muy cerca de tu cara, de tus labios, demasiado cerca diría yo. Termina, por fin, de mondar la naranja, la acerca a los labios, abre la boca,y cuando va a pegarle el primer mordisco parece arrepentirse, entonces te mira, sonríe: ¿Quieres que te dé un gajo?
No. Uno no. Uno es poco. Todos. Los quieres todos. Le arrancas la naranja de las manosy te la llevas entera a la boca. No entra. Te muerdes la lengua. También un trozo de labio. Entonces arrancas los gajos de tres en tres, los llevas a la bocay para que entren del todo los empujas con la yema de los dedos. Tienes tanta gusa que los pasas enteros. Sin masticar. Lo que masticas son tus propios dedos, tus propias uñas. Te atragantas con las pepitas. Te empapizas. Toses. Te dan arcadas. Te entran ganas de vomitar. Pero sigues devorando epilépticamente la naranja.
Después te tiras de cabeza al suelo, Todavía tienes que comer las mondaduras. David González en El demonio te coma las orejas (1997, 2008).

