Revista Historia

David y la toma de Alconera

Por Josemarialama @josemarialama
David y la toma de Alconera
[Fragmento de mi libro La amargura de la memoria. República y Guerra en Zafra (1931-1936)]
El 12 de septiembre de 1936 falangistas y militares procedentes de Zafra ocupan Alconera y Atalaya. El grueso de las tropas lo formaba una unidad de infantería dirigida por el capitán Carlos Blond. Aunque algunos autores señalan que apenas hubo resistencia al entrar en Alconera, hay que hacer constar los hechos protagonizados por una especie de "empecinado" local, que pagó con la vida su resistencia.
David Parra, de 28 años, era un buen tirador que había hecho la mili con un tal Nieto, falangista de Badajoz que entró en Alconera con las tropas procedentes de Zafra. Al entrar en el pueblo, Nieto fue a buscar a David con la intención de incorporarlo a la causa. David, que era un hombre de izquierdas, se negó a que lo reclutaran. Se refugió en su casa, cruzó un colchón en la subida al desván y esperó a que vinieran a por él. Al primero que lo intentó lo dejó malherido a golpes. A otro —Carlos Blanco, falangista santeño— le arrancó parte de la oreja de un bocado. Se fue haciendo de las armas de los caídos y se parapetó en el "doblao". A partir de ese momento y gracias a su puntería fue abatiendo a cuantos pretendieron subir a por él. Durante varias horas se mantuvo David en su posición inexpugnable. Al final lo convencieron para que se entregara con la promesa de que no le harían nada. Parece ser que para entonces habían cogido a uno de sus familiares y amenazaban con pegarle fuego a la casa. David se entregó y fue fusilado en la misma plaza. Pero, antes de matarlo, lo hicieron sufrir. Lo torturaron y le cortaron las orejas y los testículos, que después exhibieron los falangistas en sus camisas como trofeos de guerra. 
Aunque literaria, es muy significativa la expresión que Antonio Meca, autor de la obra de teatro España en llamas, escrita en Zafra unas semanas después de los hechos de Alconera, pone en boca de uno de sus personajes: "Aquí traigo yo cuatro o cino orejas de zozialistas [sic], que me las ha regalao un moro". 
Francisco Espinosa reproduce el telegrama mediante el que Franco fue informado el 14 de septiembre de estos hechos: "En Alconera al intentar imprudentemente registro de una casa dos falangistas resultaron muertos. Dos de estos por individuo en ella escondido que no se evadió. También en tiroteo afueras de dicho pueblo fue herido leve un cabo Regimiento Castilla. Susto fuerzas. Sin novedad". 
El mismo autor, a partir de informes de la Guardia Civil, da cuenta de otra versión según la cual al jefe de Falange lo atacó un hombre que luego se refugió en una casa desde la cual acabó con la vida de dos de los que intentaron detenerlo. 
En el Registro Civil de Zafra hay dos rastros más de la toma de Alconera. El primero es la muerte, que he comprobado se produjo en la refriega sostenida con David Parra, de un destacado falangista zafrense, Dionisio Vera Blanco. Había sido cabo de la guardia municipal de Zafra durante el gobierno republicano de derechas (1934-1936) y fue uno de los encarcelados por el Frente Popular en la iglesia de Santa Marina. Su tumba se conserva en el cementerio municipal de Zafra con el yugo y las flechas sobre la lápida. 
La otra partida de defunción del Registro Civil de Zafra que puede estar relacionada con la toma de Alconera es la siguiente: "Ciriaco Pérez Tinoco. Bracero. 55 años. Natural de Alconera. Domiciliado en Zafra, calle Severiana Fernández, 3, bajo. Hijo de Modesto y de María. Casado con María Lima Mejías, de 63 años. Con seis hijos: Modesto, Adrián, Marcelina, Galo, Natividad y María. Murió en su domicilio a las 20 horas del 13/9/1936 a consecuencia de "herida en el vientre". 
Ciriaco Pérez Tinoco, muere «en su domicilio» el 13 de septiembre de 1936 a consecuencia de «herida en el vientre». Pérez Tinoco, aunque avecindado en Zafra, era natural de Alconera. La cercanía entre la toma de este pueblo y la fecha de su muerte me inclina a considerarla resultado de este episodio. La partida induce a pensar que fue un combatiente herido en Alconera y trasladado a su domicilio en Zafra, donde acabó muriendo. La noticia de la hora, el diagnóstico de la muerte, el hecho de que se produjera en su propio domicilio y la inmediata inscripción de la defunción avala esta hipótesis, aunque extraña que su nombre no figure en ninguna de las fuentes que dan cuenta de los caídos en la guerra del bando franquista. Su inscripción en el Libro de Cementerio descarta que su caso fuera un fusilamiento ordenado por los sublevados.

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