Revista Cine

De cenizas y monstruos

Publicado el 13 enero 2011 por Alfonso

Acostumbrados como hemos estado durante estos meses a las malas noticias poco parecen importarnos que Tucson huela a pólvora, que Brisbane se hunda en aguas torrenciales o que media isla de La Española celebre su primer año de cólera. Si más parecen importarnos la prohibición de fumar en un local de tapas o que haya que trabajar más años con salarios más bajos para cobrar una pensión que, al ritmo que vamos, nadie sabe si alcanzará para comida y techo -¿qué será mañana del vicio de viajar que el modernismo y los préstamos nos han inoculado?- es porque nos toca de muy cerca. Así, que haya un sector de la prensa más airada que proclame que mi presidente circunflejo, una vez que haya finiquitado la enquistada reforma de las jubilaciones, dejará la Presidencia de Gobierno en manos del veloz Rubalcaba, y no sea el tema de conversación en los limpios cafés, templos en los que seguiremos adorando a los pateadores de balón de cuero aunque granice, lo confirma: mientras a mi no me salpique esta crisis, la vida me parece perfecta. Sólo preocupa por tanto lo que roza a uno, ¿o nadie ha escuchado, estas navidades, a algún familiar o amigo alardear de lo bien que le han ido las cosas durante 2010? Y si se trata de alguien a punto convertirse en sexagenario, la cosa puede ser escuchada entre risas y desprecios al prójimo, que, inmunizados como estamos ante la falta de sentido común, nos hemos dado la vuelta y hemos seguido a lo nuestro. Nada ha cambiado.
Por tanto, España debe, y deberá, hacer que Asia se preocupe de confiar en su deuda, mientras ve como la bolsa es la vida, la banca sigue y suma y sus súbditos dan la espalda a los nombres del cine y la música cada vez que hablan del precio de su Arte -alguien debería explicar la diferencia entre ser artista o vendedor, entre tener una inquietud o hacer que pagues por ello: ¿por qué no se acercan a los despachos a pedir un adelanto de los derechos de autor a cuenta de los que heredarán los suyos?-; USA, ese país que no llega al 5% de la población mundial, seguirá produciendo casi un quinto del PIB mundial y su dólar representará más de la mitad de las reservas de las divisas del mundo; las islas griegas seguirán esperando que el turismo no las tase; el bruñido Sarkozy, lamentándose del día que proclamó que había que refundar el capitalismo; los irlandeses, comiendo patatas; Assange, a la sombra; la angelita Merkel, rodeada de querubines y vapores de locomotora; a los italianos pobres y de buenas notas les tocará pagar con creces por ser doctores; y los líderes religiosos y espirituales, Dalai Lama incluido, continuarán con lo suyo, que su reino no es de este mundo.
Lo más importante ahora no es la tolerancia o la ayuda, es pertenecer a alguna red social de la www, airear lo bien que nos va, lo buena gente que somos, a veces tan tolerantes como para entrar en un cajero y no echar a patadas al indigente de guardia o para no desear que nadie de La Rioja deba abandonar Toledo antes que un rumano. Entonces, si lo importante es que los demás sepan de nuestros pasos y viajes, cómo nos va a importar que un ayuntamiento, en aras del progreso, de que la ilusión, y el iluso, viaja en tranvía (invento galés del comienzos del siglo XIX, que casi entró en el XX aún tirado por solípedos domesticados y que en el XXI, fuera de los muesos, es un despropósito), siga la ruta de tu automóvil con el fin de facilitarte el trayecto: ¡lo raro es que nadie vea las posibilidades que hay en crear una aplicación informática que te permita incluir tu día a día, tu minuto a minuto, en tu comprometido perfil!
Es 2011, pero todavía seguimos viendo a los aviones estrellarse en Manhattan en 2001. No es una década perdida: es una generación robada. Y buena culpa de ello lo tienen los babybooms, las explosiones demográficas, el conservadurismo, pero otra, la mayor, recae en todos aquellos que se escudarán, y ya hoy lo empiezan a hacer, en la supervivencia, en los tiempos que les tocaron vivir, para excusarse por sus pecados. Es 2011, y el libro apenas ha sido abierto, pero suena a leído, a plagio, a burda y mísera copia. Tan falso que, hasta un volcán, esta vez el Etna, ha entrado en erupción. Como sufrimos de amnesia -¿con quién mantuve una ciberconferencia ayer?, ¿en que blog leí que la burbuja del oro estaba a punto de estallar?- nadie parece recordar que la actividad en 1815 del estratovolcán Tambora, en la isla de Sumbawa (Indonesia), fue la causa principal de la alteración climática que sufrió el hemisferio norte durante el año siguiente, 1816 que pasó a la historia como el año sin verano, periodo en el que las cosechas se helaron y las ovejas morían de frío en los valles en pleno julio. Y que fue esa inestabilidad la que llevó a unos románticos refugiados en la suiza Villa Diodati a retarse a crear fantásticas historias de terror; que entre vampiros y hombres, fue una tal Mary la que concibió uno de los monstruos más inmortales: el Prometeo del doctor Frankenstein.
Es 2011, y hoy los monstruos visten toga magisterial, viajan en avión con pasaporte diplomático, toman copas de yate, se desnudan en playas medio desiertas o disparan al primero, o primera, que piensa diferente. Hoy, no hay reunión romántica posible si no es alrededor del deporte, y como este año es impar, por tanto sin JJOO o campeonato mayor de fútbol, los aplausos serán menos. Tiempos del color de la ceniza los que vienen.
DE CENIZAS Y MONSTRUOS
Desbordamiento del río Brisbane (Brisbane, 11 de enero de 2011)

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