
Me cae bien Mario Conde, víctima de aquella cultura del pelotazo, cuando en España se hacía uno rico más rápidamente que en ninguna parte. El Sr. Conde subió como la espuma y después, tuvo desgracias familiares y personales, terminando con sus huesos en la cárcel, aunque no fuera la de todo el mundo. Ahora se presenta a las elecciones gallegas mientras le deseo toda la suerte del mundo, aunque le auguro un escaso recorrido. Los grandes políticos crearon partidos con visos de futuro, no sustentados exclusivamente en el carisma de sus líderes, y con líneas ideológicas en consonancia con el resto de formaciones europeas y democráticas. También me pareció siempre que el Sr. Cascos fue uno de los mejores ministros para Asturias, pero no, ni con mucho, un presidente del Principado conveniente. La derecha se disgregó en esta comunidad por empecinamiento de unos y otros, revolviendo un río en el que ganó el PSOE pescador, y así están las cosas. En estos tiempos de globalización, de Unión Europea, los secesionismos aldeanistas y los partidos de corto recorrido sustentados en el carisma de su líder, tienen escaso porvenir.
