Revista Sociedad

De la beneficencia al estado del bienestar ii

Publicado el 07 octubre 2011 por Gonzalo

Industrialización y beneficencia

Durante el siglo XIX las transformaciones derivadas del proceso de industrialización se acrecientan, se producen grandes movimientos migratorios de las zonas rurales a la ciudad y las condiciones de vida en las ciudades osn cada vez más precarias, ya que la concentración humana y el desarraigo hacen que las necesidades sean cada vez mayores y los recursos para cubrirlas insuficientes.

En un tiempo en el que la marginación y la pobreza son consideradas como inevitables, se plantea, mayoritariamente, una acción benéfico-asistencial para dar respuesta a necesidades de tipo material de primera necesidad.

Con estas actuaciones no se intenta  mejorar la situación de los sectores marginados, ni modificar las condiciones que generan la marginación, sino simplemente proporcionar una ayuda puntual. Estas ayudas dependen de la bondad de las personas o institución que las ofrece así que pueden ser retiradas cuando les plazca.

Paralelamente, surgen asociaciones de carácter privado con ánimo de intervenir en los sectores más marginales, pero con objetivos más ambiciosos que la mera asistencia benéfica.

La pobreza es vista  como  el reflejo de la desidia y la irresponsabilidad personal: por esto, a través de este tipo de intervenciones, se pretende modificar la personalidad de las personas indigentes con miras a que salgan de esta situación. La orientación de este tipo de asociaciones va desde la caridad religiosa a la filantropía humanista.

BENEFICENCIA ESTATAL

Durante el siglo XIX y durante la primera mital del siglo XX, el papel benéfico es asumido cada vez más por el Estado, aunque la Iglesia continúa teniendo un papel predominante en esta labor.

Cada país europeo ofrecerá un modelo asistencial diferente, sin embargo, una característica común a toda Europa son los intentos de neutralizar al movimiento obrero: para ello, la mejor manera es acceder a una regulación de sus condiciones y a la creación de unos servicios mínimos para la población trabajadora.

En Francia la beneficencia se organiza a través de los municipios, clasificando la atención según los  tipos de necesidades.

En Inglaterra toma protagonismo la iniciativa privada y se promulgan leyes para intentar eliminar la mendicidad a través de la reclusión en casas de trabajo. Inglaterra se caracteriza por su fuerte presión obrera, consecuencia de las deplorables condiciones en las que  los trabajadores subsisten.

En este entorno, los empresarios consideran menos costoso invertir en ayudas sociales y mejoras salariales, como mecanismo para atenuar la conflictividad, que en hacer frente a los efectos de ésta  (inversión en seguridad, pérdidas por huelgas, destrucción de máquinas, etc.).

En Alemania el canciller Bismarck inicia a finales del siglo XIX un modelo de desarrollo en el que se incluyen medidas de política social. Para ello, se elaboran un conjunto de leyes encaminadas a cubrir de forma obligatoria unos seguros sociales, que se sufragan con la contribución económica obligatoria de empresarios, obreros y Estado.

Este hecho es considerado como el incio de lo que con los años se transformará  en el Estado de bienestar.

De todas maneras, esta actuación estatal no está apoyada por todos los sectores de la sociedad que están involocrados en estos procesos. Se pueden destacar tres líneas de pensamiento divergentes con respecto al papel del Estado en materia de asistencia social:

1.- Los sectores más liberales, que opinan que el orden social es una cuestión natural y expresión máxima de la libertad individual, se oponen a la intervención estatal aduciendo que éstas favorecen la acomodación a la mendicidad.

2.- Los sectores más cercanos a la religión defienden la caridad privada y, por tanto, rechazan la intervención estatal por considerarla una intrusión en un campo que consideran que no es de su competencia.

3.- Los sectores obreros que abogan por la destrucción del sistema burgués y por el surgimiento de una sociedad sin clases ni Estado, por lo que es necesario ahondar en las contradicciones del propio sistema.

Desde este punto de vista, la intervención estatal tiende más a suavizar estas contradicciones que a agudizarlas.

EL ESTADO DE BIENESTAR

El Estado de bienestar se puede definir como la intervención estatal en la regulación de la economía para asegurar unos mínimos para los ciudadanos. Esta intervención se articula a través de impuestos que los ciudadanos pagan al Estado y que éste redistribuye para satisfacer las demandas de la sociedad, entre ellas, la de protección social.

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