Revista Diario

De la leche a la papilla (o no)

Por Sandra @sandraferrerv

De la leche a la papilla (o no)

Maternidad
Jean Marchand (1921)

Las teorías a menudo son muy bonitas y es importante conocerlas. Pero aunque es bueno conocerlas hay que ir con cuidado a la hora de querer aplicarlas a rajatabla. Entiendo que muchas veces los médicos no pueden personalizar y dan indicaciones generales que pueden ser buenas para todos los niños y todas las madres, pero nosotras también hemos de observar y escuchar a nuestros hijos. Y digo esto porque el paso de la lactancia exclusiva a la lactancia combinada con los sólidos no tuvo nada que ver en los dos casos que viví con mis dos hijos. Ni ellos eran iguales, ni yo, ni las circunstancias externas. Con mi pequeño gran hombre, mi incorporación al trabajo, aunque sólo fuera a media jornada, a los seis meses escasos, hizo que tuviera que incorporar a su dieta sí o sí las papillas de cereales con mi propia leche, de frutas y de verduras. Y digo sí o sí porque los biberones estaban totalmente prohibidos en mi casa. Y no es porque yo fuera una extremista en esto de la lactancia (bueno, un poco sí) sino porque cuando quise introducir los biberones en su rutina, con unos tres meses aproximadamente, yo creo que pensó, mi madre se piensa que soy tonto y que me puede dar gato por liebre. Pues eso, que del pecho nos fuimos a la papilla. Así que cuando estaba yo era lactancia exclusiva y cuando estaba con su padre o sus abuelos, se lanzaba a la cuchara. La pequeña princesa rubia tuvo la suerte de tenerme a su lado hasta prácticamente los dos años así que la cosa fue más complicada. Las papillas no las quería ni ver. También yo creo que pensaba, a mi hermano le quisiste engañar con un plasticucho y a mi con estos mejunjes teniendo el surtidor delante de mis narices, pues lo llevas claro. Pues eso, que conmigo fue como misión imposible conseguir que se comiera un plato de papilla si no era con berrinche por su parte y mosqueo por el mío incluido. Así que decidí que ya no tiraba más mejunje a la basura y que ya comería. De la leche pasó a los trocitos, de muy pequeños y muy poca cantidad a platos más o menos como un adulto.No soy mucho de dar consejos por la misma razón que apuntaba al principio, porque cada madre y cada niño son un mundo, pero sí que quiero remarcar que si alguna madre escucha aquello de, pues conmigo sí que come, o en el cole se lo zampa todo, que no se deje engañar, su hijo es más listo de lo que parece: Si no está mamá, pues como lo que me den, no vaya yo a pasar hambre. Pero si está mamá, ¿por qué narices tengo que comer nada más teniendo su deliciosa leche materna?

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