Revista Cultura y Ocio

De la misma rama – @CosasDeGabri

Por De Krakens Y Sirenas @krakensysirenas

Como cada mañana, Alika se dirigió al río para recoger agua en sencillos y resistentes odres de piel de vacuno. Era costumbre que las jóvenes colaborasen en todas las labores necesarias en el poblado, con el fin de adquirir experiencia. No importaba a qué familia perteneciera, si una mujer mayor le pedía su colaboración estaba en la obligación de ayudar. Caminaba despacio, no era especialmente activa en comparación con otras chicas del poblado, más fuertes y diligentes. Tal vez fuera a causa de su delicada belleza, pero sus movimientos eran gráciles y lentos. Si no fuera por lo aparatoso de los odres que transportaba, resultaría incluso elegante su forma de pisar el polvo del camino sin apenas ensuciarse los pies.

Pronto se celebraría la dunga entre los surma, esperaba tener un pretendiente digno cuando llegara a la edad de ser cortejada. Se había interesado en ella Ajani, un valiente guerrero Mursi, pero a pesar de su fortaleza natural y su prestigio, había algo en su mirada que le causaba rechazo. Se decía que no había participado nunca en ninguna dunga porque esperaba por Alika. Debía pedir permiso para luchar con los jóvenes el poblado surma y, si resultaba vencedor, Alika tendría que dejar su aldea para unirse a los mursi. Tras varias generaciones de continuos enfrentamientos, esa petición había dejado de ser habitual y sorprendería a muchos. En esos pensamientos se encontraba absorta y distraía hasta que llegó a la orilla del río, el agua mojó la punta de sus pies, levantó la mirada y encontró desnudo a pocos metros a Tangut.

El joven se encontraba de espaldas, el agua le llegaba hasta las rodillas y tenía las piernas abiertas y semiflexionadas, para poder recoger agua con ambas manos. Había matado una fiera que le sorprendió, ya que no eran frecuentes los ataques a humanos tan cerca de su territorio. Estaba ensangrentado a causa de los arañazos en los brazos y la tierra rojiza se había adherido al cuerpo, así que había decidido lavarse antes de regresar con el inesperado trofeo de caza. Tangut era alto y delgado, su cuerpo estaba poco musculado en comparación con el de Ajani pero era mucho más fibroso. Las espaldas eran anchas, a diferencia de la mayoría de hombres de la aldea lo cual le dotaba de un poderoso atractivo masculino. Su enorme pene colgaba orgulloso entre sus piernas y podía verse desde atrás en la posición en que se encontraba. Alika de quedó sin respiración, el brillo de su piel mojada por el agua, sus movimientos y la visión de sus testículos y su sexo le habían sobrecogido. Tangut debió intuir su presencia, porque se giró a mirar sin ocultar su desnudez. Erguido, de pie, en medio del río, la miró por primera vez a los ojos. Ella no evitó su mirada. Era suya, ambos lo sabían. Llenó los odres de agua mirándole con descaro y lascivo interés, aquella era la primera erección que observaba y entre sus piernas deseó que se adelantara la dunga para que ganara su mano y meterse en el río a deshonrar a su familia. Así fue como Alika conoció a Tangut y decidió despreciar a aquel mursi de mirada criminal, mayor que ella, que la esperaba para casarse.

Con los odres llenos, se tambaleaba por el camino de regreso. No era fuerte para los trabajos que se le exigían, aunque el temblor de sus piernas tenía mucho que ver con la erótica de la escena que acababa de presenciar. Sin darse cuenta se desvió del camino de regreso al poblado, el sol era implacable y sentía el sudor bajar por su espalda hasta la cintura. Caminó media hora más hasta convencerse de que, inexplicablemente, se había perdido en aquel territorio que tan bien conocía desde niña. Se detuvo para mirar a su alrededor. Estaba en una llanura, el paisaje era desértico y debía protegerse pronto del sol, hidratarse y reanudar su marcha. Avistó a lo lejos un árbol que desafiaba la aridez de aquel paraje y decidió ir hasta allí para descansar.

Cuando se liberó de la carga se sintió aliviada y bebió sentándose a descansar bajo la sombra. El árbol tenía todas las raíces, salvo una, desenterradas. La rama bajo la que se había protegido era extraordinariamente recta y estaba tierna en comparación con el resto de la madera. Se puso en pie de nuevo, debía regresar cuanto antes, ya que estarían echándole en falta. No quería pasar por la vergüenza de que salieran a buscarla y descubrieran que a su edad se había perdido. Respiró profundamente, miró alrededor y por la posición de las ramas supo en qué dirección soplaba el viento. El poblado estaba en dirección contraria. En agradecimiento hacia el árbol vació un tercio de cada odre en su única raíz viva, garantizando su supervivencia. En ese momento, la Magara bendijo su única rama recta con los sueños de Alika. Sólo el guerrero que la encontrase y la usara para luchar sería digno de casarse algún día con ella.

[ Parte 2 – La profecía ]

Visita el perfil de @CosasDeGabri


Volver a la Portada de Logo Paperblog