Revista Diario

De partos y engaños

Por Belen
De partos y engaños
Hoy me apetece hablar de partos. Rodeada de tanta mamá embarazada, de tantos bebes amamantados, creo que no puedo hablar de otra cosa. Justo cuando estoy pensando en cómo será el parto de una buena amiga, cómo ayudarla a superar sus miedos, su desconfianza, cómo hacer que confíe en su cuerpo y en su buen hacer, llega una lectura que creo todas, hayamos o no parido, deberíamos leer. Claudia nos regala en su blog Papá Conejo - Mamá Piojo su experiencia de parto.
Es una historia maravillosa, llena de sencillez, de amor y de normalidad. Una historia de la que todas y cada una de nosotras podría ser protagonista, porque es fácil, o al menos debería serlo. La historia de una mujer que se queda embarazada y vive su gestación como un momento especial, único, sin miedos, donde la protagonista es la embarazada.
La historia de Claudia no fue fácil, me ha recordado a la mía. Un embarazo difícil, contracciones tempranas, riesgo de parto prematuro, cuánto en común. Pero hay una enorme diferencia, su parto fue maravilloso, respetado y vivido intensamente. El mío fue medicalizado, fui ninguneada, no respetada e incluso desinformada.
Es curioso porque yo llegué a ese momento sin miedo alguno. La experiencia previa de mi primer parto, el del bebé que se fue, me preparó para el nacimiento de mi segundo hijo. Sabía a lo que me enfrentaba, y ya no tenía miedo. Recuerdo el día antes de su nacimiento, un domingo nublado, gris, frío. Sabía que el trabajo de parto había empezado, pero no sentí temor alguno. Sabía que debía dejar a mi cuerpo hacer, que mi bebé estaba bien, que tan solo debía esperar, y así lo hice. Al día siguiente, un sol deslumbrante quiso recibir a mi pequeño. El ginecólogo, al que acudía para la última revisión, me anunciaba una dilatación de casi cuatro centímetros. Tranquilamente recogimos la bolsa en casa para dirigirnos al hospital, sin prisas, sin miedos, me recuerdo sonriente, tranquila, incluso me hice unas fotos de esas últimas horas de embarazo. Era perfectamente consciente que esa misma tarde tendría en mis brazos a mi hijo, no podía ser más feliz.
Pero equivocadamente acepté las normas hospitalarias y me metí de lleno en un parto que sin duda no era el que quería. Todo lo que me hicieron se puede encontrar en "la guía de lo que no sede hacer en un parto". Me llevé el pack completo. Y fue una pena, porque yo iba perfectamente preparada para vivir el nacimiento de mi bebé de una manera natural. Pero no encontré el apoyo que necesitaba, no encontré personal sanitario que quisiera ayudarme y/o respetarme.
Experiencias como la mía se cuentan por miles. Hace unos días hablando con una amiga reciente, me contaba cómo habían sido sus dos partos, me relataba con toda la naturalidad del mundo en qué momento le habían puesto la oxitocina y la epidural, como si éstas fueran de obligado cumplimiento. Y realmente hay muchas mujeres que así lo piensan.
Pues no señoras mías, lo normal es dejar al cuerpo generar todo aquello que necesite, sin necesidad de oxitocinas sintéticas, anestésicos y demás gaitas. Y tranquilas, porque si algo no va bien, ahí tenemos la medicina, sus especialistas y su sabiduría.
A día de hoy una mujer puede permitirse el lujo de elegir qué tipo de parto desea, hay muchos grupos de apoyo donde las madres pueden informarse, maravillosas personas entregadas al mundo maternal les brindarán información, apoyo, dedicación. Si estás embarazada, ¡no te conformes!, ten a tu bebé como te dicte el corazón. El embarazo no es una enfermedad y el parto no es un trámite sin importancia. El parto es el inicio de dos vidas, la del bebé que recién respira y la de la madre que renace empoderada.
Hay que ver cómo nos han engañado a las mujeres. Hay que ver cuánto poder nos han arrebatado. Hay que ver lo que muchas nos hemos perdido por creernos tantas falsedades.

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