En 1919, un inmigrante italiano que había llegado doce años antes a Boston sin un céntimo perpetró un fraude financiero que desde entonces lleva su nombre. Estafadores similares han llevado a cabo chanchullos parecidos al menos desde el siglo XVII, pero, antes de ser detenido y encarcelado, Charles Ponzi realizó el mayor timo de su época. El esquema Ponzi, o pirámide económica, funciona a partir de una regla sencilla: uno cumple sus promesas a los primeros inversores valiéndose de los nuevos fondos aportados por los que han llegado después. Al final, ya no es posible engatusar a nadie “aún más tonto” para que entregue su dinero, y la pirámide se desmorona. La travesura de Bernie Madoff duró décadas, pero fue tan sólo un esquema Ponzi más ambicioso y más sofisticado.
En el siglo XXI se ha dado una nueva vuelta de tuerca: los chanchullos, disfrazados con calificaciones de triple A y matemáticas de fantasía, han llegado a ser legales. Ahora todo el sistema se basa en la ilusión, y se han buscado y encontrado individuos más tontos en lugares cada vez más exóticos. Nuestros irresponsables Ponzis, las élites empresariales y mediáticas, los gobiernos indecisos y con banqueros infiltrados, los burócratas internacionales de máximo nivel que constituyen la casta de Davos, todos se han unido para sumergir el mundo en la bañera. Casi alcanzamos a oír al pobre planeta dar boqueadas y barbotar mientras intenta emerger, como un peso sometido a la conocida tortura. Esta especie de ahogamiento dista de ser el primero de la época neoliberal; hubo muchos ensayos generales, pero no llegaron a hacer la trastada de matar al prisionero y causar una devastación total, en todo el mundo.
Y, sin embargo, los fiascos financieros están creciendo en cuanto a frecuencia y gravedad, con consecuencias cada vez más demoledoras.
fuente: Sus Crisis, NUESTRAS SOLUCIONES (Susan George).
