Revista Sociedad

De Puigdemont, Tabarnia y otros surrealismos

Publicado el 23 enero 2018 por Abel Ros

Durante una semana, he estado aislado del mundanal ruido. Necesitaba, la verdad sea dicha, inundar mi vida de silencio; olvidarme por un instante de Puigdemont, Tabarnia y otros surrealismos. Necesitaba, y disculpen por la redundancia, más literatura y menos lecturas del vertedero. Hoy, sin quererlo ni beberlo, he caído en la tentación; la misma que caen los alcohólicos cuando, tras varios meses de abstinencia, vuelven a la taberna a por su chato de vino. Esta mañana, he leído las declaraciones de Marlene Wind - politóloga de renombre internacional - acerca de Catalunya. Según Marlene: "el circo de Puigdemont consiste en presentarse como víctima de Rajoy". Aunque estas palabras representen buena parte del pensamiento de muchos españoles, sinceramente pienso que la víctima no es Puigdemont sino Rajoy.

La víctima es Rajoy, queridísimos lectores, por dos razones principales. La primera, Puigdemont se ha convertido en un hombre incómodo para el Gobierno. La segunda, la convocatoria precipitada de elecciones fue "comida para hoy y hambre para mañana". A día de hoy, la probable convocatoria de nuevas elecciones es un secreto a voces. Y lo es porque sin candidato presente - sin la presencia in situ de señor Puigdemont - no hay investidura y, sin investidura no se puede arrancar legislatura alguna. Así las cosas, la convocatoria de elecciones - con todo el gasto que supusieron - no fue una decisión acertada por parte de Rajoy. El presidente del Gobierno ha demostrado su torpeza en la gestión de la crisis Catalana. La aplicación del artículo 155 era condición necesaria pero no suficiente para frenar el caballo desbocado del nacionalismo catalán. Ahora bien, aparte de esta medida, lo más eficaz hubiese sido apagar el ruido mediático de Catalunya. ¿Cómo?, no convocando elecciones en el horizonte temprano, deteniendo a Puigdemont y restaurando el establishment socioeconómico.

A día de hoy, como las cosas se han hecho mal, Puigdemont ha conseguido lo que quería, la internacionalización de su causa. Gracias a su periplo por Europa, el líder separatista ha ganado popularidad; ha consolidado su discurso, y se ha hecho visible en las principales portadas internacionales. Por otro lado, como las cosas se han hecho mal, el Pepé ha sido la víctima de su propia decisión. El PP ha perdido las elecciones catalanas y, a reglón seguido, ha perdido - según las encuestas - el liderazgo nacional. Gracias a la torpeza de Rajoy, Ciudadanos ha ganado fuelle en su conquista por el poder. Un partido que consiguió derribar a UPyD, y que ahora se proclama como la nueva derecha. Como las cosas se han hecho mal, la causa catalana ha dado lugar a la institucionalización de su brecha a través de Tabarnia. Así las cosas, Catalunya se presenta como una tierra de conflictos, una tierra dividida sociológica y políticamente por el discurso del nacionalismo.

Llegados a este punto, la solución al problema pasaría por tocar teclas distintas. Y por teclas distintas se entiende; ir más allá de la aplicación del artículo 155, y de la probable convocatoria de nuevas elecciones. Aunque tales medidas sean correctas en el presente, no lo son en el largo plazo. La aplicación perenne del 155, no es bueno para los mercados, ni para la marca España. La convocatoria intermitente de elecciones, tampoco es bueno para la estabilidad democrática. Por ello, tales medidas morirían por su desgaste, crearían malestar social y toxicidad mediática. Es necesario que la solución pase por la creatividad. Una creatividad que ponga grises a la Catalunya en blanco y negro del presente. Y una creatividad que abra paso a nuevos interlocutores sociales, mediadores nacionales y amplitud de miras. Una amplitud de miras, como les digo, para que el surrealismo del ahora se transforme en un poquito de cordura.


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