Revista Cultura y Ocio

De un hagiógrafo al que admiro.

Por Santos1
San Gregorio de Tours, obispo. 17 de noviembre. 
De un hagiógrafo al que admiro.Nuestro santo nació en una noble familia, ilustre en el Imperio y en la Iglesia. Su bisabuelo materno fue San Gregorio de Langrés (4 de enero), y tíos abuelos fueron los obispos San Nicecio de Lyon (2 de abril), San Tetric (18 de marzo) y San Gallo de Clermont (3 de julio). Al nacer, el 30 de noviembre de 539, le llamaron Jorge Florencio, en honor a sus antepasados, pero ya se cambiaría el nombre luego. Muy pronto quedó huérfano de padre y su madre le educó con gran amor y rectitud. Cuando tenía 6 años comenzó a estudiar con San Avito de Clermont (21 de agosto) cuando este era aún arcediano, quien que le preparó para ordenarse presbítero. Era un joven piadoso y amante del saber, pero un poco creído y necesitó una “conversión”, según cuenta él mismo: en un viaje que realizaba a Chalons-sur-Saone, donde vivía su madre, una tormenta comenzó a amenazar con caer. Gregorio, que llevaba una arqueta con reliquias en el pecho, la sacó y la sostuvo en alto apuntando hacia las nubes. Y en ese momento las nubes se separaron y el cielo se despejó. Pero Gregorio no pudo evitar decir a sus compañeros que era muy posible que las nubes hubieran sido desvanecidas tanto por las virtudes de las reliquias sus virtudes como por las suyas propias. Y en ese momento, su caballo dio un mal paso y Gregorio cayó al barro, provocando la risa de sus compañeros. Este hecho le hizo más humilde y le acercó más a Cristo.

En 573 murió el obispo de Tours, San Eufronio (4 de agosto), y Gregorio fue elegido para sustituirle. Su prestigio como presbítero sumado a sus conexiones familiares hicieron posible esta elección. Apenas fue elegido, casi muere de una enfermedad intestinal de la que se sanó gracias a la intercesión de San Martín de Tours (11 de noviembre, sepultura; 4 de julio, ordenación episcopal; 5 de octubre, Iglesia Oriental; 12 de octubre, Iglesia bizantina; 12 de mayo, invención de las reliquias; 1 y 13 de diciembre, traslaciones).

Uno de sus principales problemas en el episcopado fue a causa del poder civil. Al igual que le había pasado a su tío abuelo San Tetric tuvo que mediar entre un rey y su hijo rebelde: Meroveo, hijo de Chilperico, se había casado con su tía Brunehildis, viuda de Sigeberto, para poder heredar el reino de Austrasia. Fue obligado a separarse de ella y conminado a retirarse en la abadía de Anisole. Pero Meroveo, sospechando que su madrastra Fredegundis planeaba matarlo, se refugió en Tours pidiendo asilo. Gregorio le ofreció protección por caridad, aunque le recordó que no estaba bien que un hijo se rebelara contra su padre, por mal que este le hiciera. Meroveo entonces le pidió le leyera los oráculos de la Escritura. Esta costumbre, que estuvo bastante extendida, consistía en abrir al azar la Biblia en tres ocasiones y sacar una enseñanza de los textos leídos. En ocasiones se hacía ante grandes calamidades públicas, con cierto ceremonial, hoy olvidado. En fin, que Gregorio accedió y, luego de invocar al Espíritu Santo, abrió las Escrituras y leyó: "Al ojo que se burla de su padre, y desprecia obedecer a su madre, los cuervos del valle lo recogerán, y las jóvenes águilas se lo comerán" (Prov. 30, 17). 

De un hagiógrafo al que admiro.

Gregorio y Pretextato
ante Chilperico.

Meroveo no quedó contento y Gregorio tuvo paciencia y, luego de tres días de ayuno y oración, tomo las Escrituras, que antes había puesto sobre la tumba de San Martín, y leyó: "Porque abandonaron al Señor su Dios, que sacó a sus padres de la tierra de Egipto, y tomaron otros dioses... por tanto, el Señor trajo sobre ellos todo este mal" (1 Reyes 9, 9). Luego abrió la Escritura por otro sitio y leyó: "Tú los colocaste en lugares resbaladizos, y los derribaste, y los destruiste. O cuán repentinamente consumen, perecen y llegan a un fin temeroso" (Salmo 22, 18-19). Y luego, al abrir los Evangelios leyó Gregorio solemnemente: "Sabéis que después de dos días es la fiesta de la Pascua, y el Hijo del Hombre será traicionado para ser crucificado". (Mateo 26, 2). Con estos textos todo parecía estar claro, pero igualmente el joven no pudo escapar de la maldad de su madrastra y murió asesinado por ella, aunque la versión "oficial" contó que se había suicidado.

Luego de esto, en 575 el rey convocó un Concilio en París para juzgar a San Pretextato de Rouen (24 de febrero) por haber casado a Meroveo y su tía. El rey hizo presión para que el santo fuera excomulgado por violar los cánones, pero Gregorio le defendió, junto a Aecio de París, alegando que los contrayentes no eran consanguíneos, pues Brunehildis era tía política de Meroveo. Tanto Chilperico como su mujer Fredegundis intentaron sobornar a Gregorio, pero este rechazó toda componenda encaminada a condenar a un obispo inocente.

Fredegundis no podía perdonar a San Gregorio por oponerse a sus ambiciones con tanta valentía, por lo cual agitó a Leudast, conde de Tours, para incordiar constantemente al santo obispo, aunque sin mostrarle abierta violencia, pues Gregorio era un personaje muy prestigioso. Este Leudast había estado implicado en el asesinato de Sigebert y era enemigo de Meroveo, así que consideraba a Gregorio como enemigo suyo. Hizo correr la voz de que el santo había hablado irrespetuosamente de Fredegundis, diciendo que era una mala mujer. Cuando el rumor se hizo público, él mismo avisó a Chilperico de ello. Este, sin embargo no creyó el rumor, e incluso pretendió destituir a Leudast. Pero este mal hombre rápidamente se inventó otra calumnia sobre Gregorio, al decir que nuestro biografiado había acusado a la reina de vivir en adulterio con el obispo Bertrand de Burdeos. Ante este chisme, Chilperico le dio una buena tunda de palos a Leudast, echándolo de su presencia. Sin embargo, su amigo Riculf, subdiácono de Tours, le apoyó, diciendo que efectivamente Gregorio difamaba de la reina. Entonces, sobre 580 el rey convocó un Concilio en Berni, cerca de Soissons, para escuchar los cargos contra el obispo de Tours. Bertrand de Burdeos acusó a Gregorio de haber declarado lo del adulterio con la reina, pero al no presentar prueba alguna, ningún obispo se atrevió a acusar a Gregorio de tal calumnia. Todos se contentaron con un juramento solemne que el santo hizo acerca de que nunca había difamado de la reina ni de nadie. Y quien salió mal fue Leudast, quien fue excomulgado y castigado por difundir rumores falsos sobre un prelado.

De un hagiógrafo al que admiro.

Escultura en El Louvre.

Por si todo esto fuera poco, Chilperico se las daba de teólogo y compositor religioso. Sin embargo, sus himnos eran malísimos, y Gregorio no se calló para decírselo. Su teología era de tercera y su lenguaje tosco e impreciso. O se perdía en detalles innecesarios o aventurados. También se aventuró a escribir un tratado sobre la Santísima Trinidad con herejías manifiestas, más por ignorancia que por creerlas. Gregorio lo leyó y alarmado le dijo: - "Renuncia a esta doctrina que Hilario y Eusebio no han enseñado". Chilperico, que era un burro con aspiraciones, no sabía quiénes eran San Hilario de Poitiers (13 de enero) y San Eusebio de Vercelli (2 de agosto), replicó: – "Este Hilario y este Eusebio son mis enemigos entonces, no debo tener que ver nada con ellos". "Son santos" – dijo Gregory – "y no puedes luchar contra ellos. Confiesa que hay en verdad tres Personas, no corporalmente, sino espiritualmente, en una gloria, una eternidad y un poder". El rey, furioso, dijo: – "Someteré mi tratado a hombres más sabios que tú, y ellos lo aprobarán". "No lo aprobará ningún un hombre sabio, sino solo un necio lo aprobaría", respondió Gregorio audazmente. El rey enfureció, y mostró su panfleto herético a San Salvio de Albi (10 de septiembre), que lo leyó, lo rechazó y quiso despedazarlo. Afortunadamente, Chilperico reconoció que para Teología estaba la Iglesia y se centró en asuntos de gobierno.

San Gregorio escribió la "Historia Eclesiástica de los Francos", que es la más precisa que existe de su tiempo. Por ella ha sido nombrado "Padre de la Historiografía Francesa", y el título de patrono de los historiadores. El santo falleció en 594 y fue sepultado en Tours.

Es este un santo al que los hagiógrafos debemos mucho, pues escribió sendas obras dedicadas a las vidas, leyendas y culto de los santos. "La Gloria de los Confesores", "La Gloria de los Mártires" y "Las vidas de las Padres" son las principales, y han sido durante siglos fuente para escribir sobre santos. Ciertamente, aunque se le ha llamado historiador, que lo fue, con respecto al tema de los santos, Gregorio más bien fue hagiógrafo, pues no fue al fondo de las cuestiones históricas y da por bueno cuanto milagro le llegaba a oídos. Pero a los que escribimos sobre santos eso no nos importa demasiado y le agradecemos su trabajo, pues lo que queremos de él es precisamente lo que hizo: escribir sobre santos y ser un referente a la hora de datar algunos hechos. Particularmente escribió de 

San Gregorio de Langrés. (4 de enero).
Santa Monegundis de Tours. (2 de julio).
San Martín de Tours. (11 de noviembre).
San Romano de Garona. (24 de noviembre).
La Aparición de San Miguel en Roma. (25 de abril).
Santas Maura y Brígida de Beauvais. (13 de julio).
San Mariano de Bourges. (19 de agosto).
San Patroclo de Troyes. (21 de enero).
Santa Pelagia de Limoges. (26 de agosto).
San Maximino de Tréveris. (29 de mayo).
San Evergislo de Colonia. (24 de octubre).
Santos Sergio y Baco. (7 de octubre).
San Hipólito. (22 de agosto).
San Eutropio de Saintes. (30 de abril).
San Hermenegildo. (13 de abril).
San Melanio de Rennes. (6 de noviembre).
San Víctor de Xanten. (10 de octubre).
San Laudomer de Chalons. (2 de octubre).
San Remigio de Reims. (1 de octubre).
San Salvio de Albi. (10 de septiembre).
San Ginés de Arlés. (25 de agosto).
Santa Radegundis de Poitiers. (13 de agosto).
San Cybar de Angouleme. (1 de julio).
San Pient de Poitiers. (13 de marzo).
San Sabaulin. (1 de noviembre).
San Baldiri. 20 de mayo. 
San Esteban Protomártir. (26 de diciembre).
San Verand de Cabaillon. (19 de octubre).
Las Santas Doncellas de Tolosa. (17 de octubre).
San Walfroy Estilita. (21 de octubre).
Santa Cesárea de Arlés. (11 de enero).
Santos Crispín y Crispiniano. (15 de octubre).
San Víctor de Marsella. (21 de julio).


Fuente:
-"Vidas de los Santos". Tomo XIII. Alban Butler. REV. S. BARING-GOULD. 1916.


A 17 de noviembre además se celebra a

San Florin de Ramosch, presbítero.
San Hugo de Lincoln, obispo.

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