La semana pasada recorrí cuatro hospitales de Cataluña tratando de enseñar a diversos grupos de médicos a conocerse mejor a sí mismos, a conocer a sus equipos y a conocer a sus pacientes. Muchas veces nuestras capacidades técnicas quedan fuera de toda duda, pero no somos capaces de transmitir esos conocimientos a otras personas porque nos movemos en registros de comunicación distintos, a veces incluso incompatibles; porque no nos conocemos bien, porque si nos conociéramos bien, seríamos capaces de entender también al prójimo.Y conocer nuestra manera de ser -y la de los demás- no es tarea fácil en los acelerados tiempos que vivimos.
Cuentan que un joven aprendiz se acercó un día a su maestro para que le enseñara la mejor técnica para conocerse a sí mismo. El maestro llenó una tinaja de agua y pidió al joven que se asomara a ella mientras removía con una gran cuchara su contenido.
- ¿Qué ves? - preguntó el maestro
- Nada, sólo el remolino del agua al girar
- Ahora saca la cuchara, deja de remover y espera a que el agua se aquiete ¿qué ves entonces?
- Ahora me veo perfectamente, como si fuera un espejo
Nuestro mundo interior es tan inmenso que merece la pena explorarlo. Pero para adentrarse en cualquier territorio desconocido se requiere de cierta valentía, tiempo y tranquilidad, elementos que muchas veces nos faltan.
¿Por qué no dedicas este fin de semana media hora cada día, parando el agua que gira a tu alrededor, a entender tu presente y tratar de proyectarte en el futuro?
