Revista Opinión

Delirios de cordura

Publicado el 14 septiembre 2015 por Rafferval
Delirios de cordura
"Esta realidad que vivimos es como una especie de ilusión, ¿no? En plan de que la humanidad está como muy contenta, a su bola, bailando, tal, disfrutando de unas cosas y de otras, pero que al fin y al cabo es como una ilusión, porque hay una peña que nos controla para que le sigamos el rollo como borregos y entonces, claro, puedes negarlo, vivir negándolo, o aceptarlo y convertirte en una especie de “hacker” del sistema”Otra semana más recluido en esta concentración de pirados. ¿¡Pero qué diablos he hecho yo para estar aquí!? Juro que nunca he matado a nadie. Vale, quizá haya tenido impulsos de hacerlo, pero no lo he hecho, además, ¿quién no ha tenido nunca el pensamiento de asesinar a alguien? No lo neguéis, todos lo hemos tenido. Pero yo no lo he hecho, no soy ningún Raskolnikov, ni protagonizo “Crimen y castigo”. Quizá piense y actúe de forma diferente, pero, cada uno es un mundo, ¿no? ¿Por qué no puede ser mi mudo el real y el vuestro el fantástico? ¿Por qué demonios tenéis vosotros la razón y no yo? Vosotros no me imponéis la realidad, la realidad la elijo yo. Recluidme donde os plazca, vosotros sois quienes estáis enjaulados de verdad. Sí, vosotros. Os llenan de mierda la cabeza, no tenéis libre albedrío. ¡Si tener juicio propio es estar loco, maldita sea, estoy como una puta cabra!El problema es que pago un precio por ser diferente, eso es, vivir vuestra realidad es para mí un constante castigo. ¿Y por qué razón tengo yo que cumplir condena por un crimen que no he cometido? Habéis decidido que mi crimen es pensar distinto que vosotros. En mi opinión eso no es un crimen, ¡pero qué más os da mi opinión! No es la vuestra, ¿¡por qué la ibais a respetar!? Pero, como iba diciendo,  la condena va a más, no os contentabais con que tuviera que compartir vuestra infumable realidad, ¡ahora rechazáis la mía! No solo vuestro comportamiento y vuestro constante día a día me intentaban decir que tenía que cambiar, ahora os ladeáis de mí si no lo hago, me dais un ultimátum. Si no pienso como vosotros, me rechazareis. Y, por desgracia, el ser humano necesita de la sociabilidad para su vida.Es penoso, sí. Pero no voy a cambiar, no pienso hacerlo, no estoy loco. Encontraré a otros, sí, otros que me entiendan, eso haré. Con ellos seré más feliz, aunque nos señalen, ¡vaya si seré feliz! ¡Seremos una autarquía! Nosotros mismos nos proporcionaremos nuestros alimentos, cultivaremos nuestros conocimientos, ¡y nos los comeremos! Crearemos nuestro propio mundo, eso haremos, y allí sí habrá libertad de expresión. Pero de la verdadera, claro. En vuestro mundillo la libertad de expresión está tan atrofiada que me habéis dado un ultimátum, ¡ilusos! En nuestro pequeño planeta cabrán todas las opiniones. Allí no existirán ni el término locura ni el adjetivo loco. Nos desharemos de esas banalidades. Nadie romperá nuestros esquemas, ¡porque no los habrá! Nuestro único esquema será la libertad, no necesitamos nada más. Luego de ellos nos bastará con nuestro raciocinio, sí, eso será suficiente. Además, será un mundo para todos, no prohibiremos el paso a nadie. ¡Sean bienvenidos a nuestra realidad! ¡Pasen! ¡Pasen y vean! Podéis abandonar vuestro circo de lo absurdo, allá la banda nunca dejará de tocar. Aquí vosotros podéis crear vuestra propia melodía. ¿Qué os parece? Vosotros me imponéis cánones para poder vivir en vuestra realidad y yo os abro de par en par las puertas de mi mundo. No es un trato justo para mí, pero es el trato que más felices nos hará. En este aspecto abandono mi orgullo, quizá sea lo mejor. A veces abandonar el orgullo sea la mejor manera de alcanzar la felicidad. ¡Y qué fin tiene la vida sino la felicidad! Os abro las puertas de mi mundo, necesito gente que lo habite. Pero, ¿quién se atreverá a habitar ese mundo que tan rápido he querido crear? Quien entre será señalado por los demás, será necesario que no le moleste ello. No deberá tener miedo (o al menos deberá estar dispuesto a hacer frente a él) a que le señalen, me refiero a lo que se suele llamar transparencia.¡Oh, la transparencia! Ese arma de doble filo que te hace tan honorable desde tu propio punto de vista y tan despreciable desde el de los demás, capaz de hacerte sentir más vivo que nadie y hacer que mueras desde la perspectiva del resto. A decir verdad, no recuerdo haber conocido a nadie totalmente transparente, ni si quiera estoy seguro de que yo lo haya sido completamente. La sociedad nos educa desde pequeñitos a no ser transparentes, la sinceridad puede parecer una virtud cuando en realidad es la mayor de las “antivirtudes” en la sociedad que vivimos. Tan idealizada como despreciada es la transparencia. Esto nos lleva a interpretar un papel en la vida, interpretar un personaje en una película. Yo quiero rechazar ese papel, quiero ser de mi vida el guionista único, hacer de mi vida una obra maestra. ¡Qué mala crítica tendría mi película! Pero bueno, la hago para mí, no para los demás. Ellos podrán seguir interpretando a Trumanen su particular Show.Estoy cansado de vivir en vuestra realidad, la abandono. Adelante, que vengan los hombres de blanco, enjauladme. Seré Jack Nicholson en “Alguien voló sobre el nido del cuco”, seré el más cuerdo de todos, como él, sí, yo también volaré, volaré alto.No hay que confundir la verdad con la opinión de la mayoría. La línea que separa la cordura y la locura la definen quienes tienen el poder de hacerlo, no quienes tienen razón.

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