Revista Opinión

Desayuno

Publicado el 16 marzo 2012 por Fragmentario

Entonces acá estamos, ante esta mesa, mirando las tazas humeantes, las galletas. Qué recorrido, digo en voz alta, o alguna tontería parecida. Así es, respondés, o asentís esperando que diga algo más significativo. La luz entra directamente sobre entre nosotros, forma un halo que divide tu territorio seguro de mi miedo a acercarme, son las ocho de la mañana. Estás bellísima, pienso, o digo en voz alta, quién diría que tantas horas de viaje.

Te sirvo más café, propongo, o te invito a recorrer la casa, mejor la casa. Te muestro el resto de la cocina, porque ya adivinás una parte de la cocina desde tu posición, y salimos al antepatio trasero donde el sol da de lleno y se ven los arbustos del fondo y el césped y los pájaros. Quizá recorrés el patio también, te acercás a la parrilla, a los dos árboles que ofrecen sombra. O nunca llegamos: nos detenemos en el antepatio y regresamos por el comedor a mirar las habitaciones que vamos a habitar.

Parece un acuario, las cortinas azules, el sol, qué lindo, comentás; yo no dejo de mirarte. Hay un pacto en nuestros cuerpos que no estamos cumpliendo porque resulta que el tiempo, que el protocolo, que acabamos de conocernos. Veo en tus ojos la emoción, el descubrimiento, la espera, el miedo, también el deseo. Ya no quiero esperar, pienso, digo en voz en alta, murmuro, me acerco, te tomo de la cintura o apoyo la palma de mi mano en tu mejilla o sólo me acerco mientras mi respiración se acelera y siento un calor nuevo; la sangre fluye, tu calor también, recibís el beso primero con lenta aceptación, luego apoyás tus manos en mi espalda o en mi pecho o en mis manos y entonces ya estamos anudados, salivados, intranquilos y alguno de los dos desliza furtivamente una mano debajo de la camisa o de la blusa, según corresponda, según tengamos ganas. Nos desnudamos con urgencia como si el mundo pudiera detenerse al siguiente instante o como si la policía pudiera golpear la puerta en cualquier momento y arrestarnos. Caemos sobre la cama, y vaya forma bonita de caer, qué recorrido, qué cosas, qué manera de esperarnos, buenos días, hola, amor, acá estamos.


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