Revista Cultura y Ocio

Descríbeme en tres palabras – @hipst_eria

Por De Krakens Y Sirenas @krakensysirenas

“Maravillosa, guapa y divertida”

Han pasado más de veinte años pero aún recuerdo perfectamente la cara de Roberto contestando a esa tontería que se me ocurrió de repente. Una pregunta estúpida que mereció esas tres estúpidas palabras.

Y fue en este mismo teatro. Mi primer papel protagonista, mi primer gran éxito, mi primer gran amor. Un amor que surgió en este mismo camerino, delante de este mismo espejo. No, el espejo ya no es el mismo, el antiguo tenía unas bombillas en forma de vela y la de la esquina izquierda nunca funcionaba, como la cabeza de Roberto. Y yo, tampoco soy la misma.

Pero en este viejo y decadente camerino aún puedo ver a Roberto-qué guapo era Roberto- con su ramo de flores, contestando torpemente pero, ahora lo sé, con absoluta sinceridad. Para él yo era exactamente eso: guapa y divertida, y él para mi tampoco era mucho más que eso. Los dos eramos jóvenes y estúpidos. Esa relación estaba basada en esos tres pilares: belleza, diversión y estupidez. Y tarde o temprano acaba apareciendo alguien más guapo. O más divertido. O más estúpido.

“Maravillosa, misteriosa y arrebatadora”

Maxi llegó años más tarde. Fue en una gira, una obra de Ibsen: Casa de Muñecas. Autor sueco y amor sueco. Un dios nórdico. Me enamoró con su pelo rubio, sus fríos ojos escandinavos y sus noches de auroras boreales.

Todo era mentira menos una cosa: para él era misteriosa, tanto que mi verdadero nombre siempre fue un enigma. Nunca lo recordaba. Para él era Paula, Paula Huertas, la gran actriz, la mujer que estaba detrás o debajo de ella y tenía otro nombre, no le interesaba lo más mínimo. Todavía puedo oír su voz, con ese acento, arrastrando las erres: “Arrrrrebatadora”, me decía. Aunque muy arrebatado no debía de estar el sueco cuando me engañó con aquella actriz de reparto. Y con la regidora. Y con la ayudante de dirección. Lo arrebató hasta alguna taquillera.

Durante una temporada yo también me hice la sueca. Miré hacia otro lado, soy actriz, y muy buena. Y era tan guapo… Pero no podía durar más, tragar sólo sirve para seguir tragando. Y aprendí una cosa con Maxi: Nunca te fies de un hombre que se mira al espejo más que tú.

“Maravillosa, inteligente y mágica”

Jean Paul era francés. Para él era maravillosa y magicá, con acento en la última a. Pero no, el mago era él. Con un gesto, con una mirada, me hacía desaparecer y me convertía en una muñequita, o en otro trofeo de su vitrina, o en un conejito que sacaba de su chistera para impresionar al público.

No era un cabeza hueca como Roberto, era muy inteligente y se jactaba de relacionarse sólo con gente inteligente. Gente como yo, decía, una mujer madura e inteligente. Pero muy inteligente no debía de ser, cuando perdí cuatro años de mi vida enamorada de semejante imbécil.

Todos coincidían en una cosa: en que soy “maravillosa”. Qué suerte. Espero saber alguna vez lo que es ser “maravillosa”, ninguno me lo explicó. Creo que para ellos ser maravillosa es ser todo, o nada. Sin términos medios. Lo que si debe de ser es muy difícil, qué cansado.

Pero hoy, ahora, espero por fin a alguien que me espera sin esperar nada. No espero a Roberto, no es tan divertido. Ni a Maxi, no es tan guapo, ni a Jean Paul, no es tan inteligente. Y no viene con flores, ni regalos, ni se hace fotos, ni busca los flashes. Pero me besa cuando estoy sin maquillaje, me coloca el pelo detrás de la oreja cuando estoy despeinada y me sonríe con sus transparentes ojos verdes rebosantes de ilusión. Y no, a pesar de todo eso, no puedo resistirme a preguntárselo. Estoy dispuesta a asumir ese riesgo:

– Defíneme en tres palabras.

– ¿Sólo con tres? Imposible.

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