Llevo días sin escribir, enfrascada en la lectura, en la reflexión, y en un bajón de tensión que me ha tenido algo ida este fin de semana. Pero lo más importante es lo primero, enfrascada en la lectura y es que he descubierto, de verdad, a Laura Gutman. No hace mucho hablaba de ella aquí , donde la criticaba un poco. Sigo pensando igual que en su día. Reconozco que me ha costado llegar hasta ella porque si algo puedo decir de mi misma es que soy coherente. Coherente con mis principios, ideas, pensamientos. Eso a veces te lleva por caminos difíciles, pero yo soy así, o al menos intento serlo. Y me daba en la nariz que con la vida que lleva esta mujer, libros, conferencias, giras, terapias, y un largo etc, difícil ha debido ser criar a sus tres hijos de la manera que ella promulga. Pero, en definitiva, quien soy yo para criticar a nadie. El caso es que la pasada semana llegó a mis manos este libro, La familia nace con el primer hijo (Puerperios y otras exploraciones del alma femenina), y ahí ando enfrascada en él. Voy haciendo una lectura reflexiva, lo cual quiere decir que leo varias veces las páginas, algunos párrafos.
Os dejo un brevísimo resumen para que os hagáis una idea de la temática:
"En los umbrales del siglo XXI, la maternidad y las actividades intrahogareñas parecen haberse constituido en obstáculos para la realización personal. Las mujeres estamos cada vez más dispuestas a abandonar el mundo íntimo para lanzarnos al mundo público y "ser alguien reconocido". Pero un buen día nos pasa a las mujeres hiperactivas que -sin darnos cuenta- nace un primer hijo. O un segundo o un tercero. Y comprendemos que "lo público" es materialmente visible, pero en medio de un dolor de panza del bebé, esa identidad desaparece junto con el sentido profundo que tenía hasta entonces".
Laura Gutman ha tenido el honor de presentarme a través de su pluma a La Sombra, una sombra que todos poseemos, pero a la que muchos temen, o no saben enfrentarla. A pesar de su lenguaje metafórico, adjetivado y a veces (desde mi modesta opinión de lectora) exagerado dice verdades como templos. Apoyándose en el Psicoanálisis (Jung) para dar algunas explicaciones, acierta sobremanera en sus explicaciones y respuestas, porque sí, da respuestas. Respuestas que muchas conocemos, que otras intuyen y que otras temen, pero respuestas.
El primer fenómeno que ella denomina desconcertante cuando nuestro hijo nace es el encuentro con nuestra propia sombra. Sombra, inconsciente, conciencia, podemos llamarlo como queramos, pero a mí el termino sombra me parece perfecto para abarcar todo lo que ella pretende explicar: "La sombra es todo lo que hemos relegado de nuestra conciencia, lo que pertenece a nuestro mundo energético, pero no reconocemos como propio, ...... La sombra es el rincón de nosotros mismos que nos resulta impresentable". Cuando nuestro hijo nace se produce una fisura, surge algo nuevo, y a la vez esa sombra que nos aterra, que nos recuerda nuestros miedos, nos hace sentir indefensas. Y nos preguntamos una y otra vez, ¿Y ahora quién soy?. Cuando somos madres nosotras también renacemos, nacemos de nuevo a esta vida con nuestro hijo. O al menos nos pasa a muchas mujeres. Cambiamos, ya no somos las que éramos, pero muchas quieren seguir siendo las mismas y eso es imposible.
Cuando mi hijo nació yo cambié, me enfrenté a todo este proceso, a aceptarme a mi misma de un modo distinto, a aceptar la responsabilidad de mi hijo, a querer criarle como he hecho, y a enfrentarme a una sociedad que exige a las mujeres de una manera sin igual.
A los ojos de la sociedad soy una maruja cuya única ocupación es limpiar la casa y llevar al niño al colegio. . Y eso está visto de modo despectivo, como algo inferior, algo menor, algo que deben hacer otros, por lo que se paga. Pues no señoras y señores, soy una mujer con formación superior, que en su día eligió dejar su vida laboral (porque fue una elección sin imposiciones) no para ser Maruja, o para cuidar a su hijo, sino para CRIAR y EDUCAR a su hijo. Creo son cosas distintas. Mi misión como madre, o al menos la que yo creo es mi labor, no es solo cuidar sino también educar y criar a mi hijo. Y esa esta siendo mi tarea (ardua por otro lado) en los últimos años. No es fácil, a veces la recompensa es difícil de ver, pero ha sido mi elección. Y estoy contenta por ello, hay muchas personas que no son libres para elegir, ni libres ni valientes y yo presumo de ambas cosas, de libertad y valentía, para hacer lo que estoy haciendo sin complejos y orgullosa de mi misma.
Puedo decir que me ha costado, pero puedo decir que he enfrentado a la sombra de mi interior, que convivo con ella y que no me asusta. Y puedo decir que comprendo perfectamente a todas esas madres que se sienten perdidas, asustadas, preguntándose quienes son y por qué las cosas no son como deberían ser, las comprendo. Y os digo que no sois vosotras, es que esta sociedad en la que vivimos no nos lo pone nada fácil. ¿Qué se espera de nosotras las mujeres? Que seamos hombres y además demos a luz a nuestros hijos, eso es lo que se espera. Se considera una mujer de éxito aquella que trabaja fuera de casa, y le da para pagar a una señora que le limpie la casa, tenga hijos y los recoja de sus actividades extraescolares a las 7 de la tarde. Se considera una vaga, o una fracasada, o una insulsa a aquella que se queda en casa con sus hijos, les educa, les cría, se levanta con ellos por la mañana, les baña, les cuenta sus cuentos, les enseña los colores y las letras. Soy yo, ¿o nos estamos equivocando?.
Por todo ello me atrevo a deciros a todas aquellas madres recientes o no tan recientes que me tenéis para lo que necesitéis. Si no os comprenden, si os sentís perdidas, si os sentís presionadas, no sois vosotras. Y si necesitáis contarlo os ofrezco mi blog y mi correo.
Un abrazo a todas.
