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Desembarco carlista en San Carlos de la Rápita en 1860

Publicado el 20 marzo 2024 por Rmartin
Desembarco carlista en San Carlos de la Rápita en 1860

El general Ortega, contando con el apoyo del cardenal y arzobispo de Toledo, don Cirilo Alameda y Brea, el pretendiente Carlos Luis de Borbón y su hermano Fernando de Borbón, embarcó 3,000 hombres de las guarniciones de Baleares, con destino a las inmediaciones del Delta del Ebro, en un intento de provocar la sublevación de varios cuarteles catalanes, forzando la abdicación de Isabel II, convencido de que la reina abdicaría en el momento en que las unidades se unieran a la sublevación. Pero el alzamiento fue un fracaso, ya que se negaron a unirse sus propios oficiales.

Desde la revolución de 1854, los carlistas habían negociado con los isabelinos una solución en la cuestión dinástica; pero debido a los hechos del alzamiento de 1855, hizo que se mirara el asunto con calma. De acuerdo con el conde de Montemolín, se nombró una comisión para negociar con los isabelinos moderados, aprovechando que el ministro de la Guerra en España era Urbiztondo, que había luchado por don Carlos en la primera guerra carlista; pero el nacimiento del príncipe Alfonso tuvo como consecuencia la retirada de unas de las partes. Por lo que, los carlistas decidieron proseguir por sí solos. Más la Guerra de África vino a suspender el movimiento, uniéndose todas las partes para hacerla frente. Pero tan pronto se dio por terminada, se quisieron aprovechar las circunstancias de estar el ejército en África para ponerlo de nuevo en marcha. Para ello, el 16 de marzo de 1860, firmó don Carlos, un manifiesto que contenía el primer programa concreto del carlismo, en el que declaraba la creación de un Gobierno representativo, en el que los diputados fueran a las Cortes, representando los intereses de sus electores y no los suyos propios; la división territorial de las provincias por zonas o comarcas; la descentralización administrativa, dando a las Diputaciones, facultades en todo lo referente a montes, aguas y vías de comunicación; la constitución de los Ayuntamientos; la reducción del número de Audiencias y la substitución de los jueces de primera instancia por tribunales de tres magistrados; el reconocimiento de la Deuda Pública, y la realización de economías hasta nivelar los presupuestos; vigilancia de la instrucción pública, como base de la civilización y del bienestar de los pueblos, fiscalizándola los padres de familia, y reforma de la carrera militar y del ejército. Terminaba afirmando que a nadie consideraba como enemigo ni a nadie rechazaba, que llamaba a todos y que todos los españoles honrados y de buena fe cabían bajo su bandera.

El alzamiento se preparó para el día 19 de marzo, fecha en que debía don Carlos presentarse en España, y estallando alzamientos en toda la nación. Debía dirigirse primero a Mallorca, donde estaba como capitán general de Baleares, Jaime Ortega, y con las fuerzas de éste, en España. Lo cierto es que, don Carlos retrasó ocho días su salida, lo que desconcertó a todos. Por su parte, el general Ramón Cabrera había enviado a don Carlos una carta, en la que le desaconsejaba su participación por no tener ninguna posibilidad de éxito. Zarpó el buque L'Huveaune hacia Palma de Mallorca, adonde llegó el 29 de marzo, desde allí junto con el Jaime II y el City of Norwich, se dirigieron a Mahón, para embarcar los batallones de Tarragona y Lérida y regresar a Palma, donde embarcaron las fuerzas en otros barcos. Salió la flotilla compuesta por cinco vapores y dos veleros, con 4.000 hombres, 4 cañones y 50 caballos, para dirigirse a Valencia, más, por causa desconocida, fue a San Carlos de la Rápita, donde desembarcó el domingo 2 de abril, en las primeras horas de la mañana. Desembarcada la expedición, se telegrafió al resto de las Juntas comprometidas, a fin de que todas secundaran el movimiento, A continuación, se cortó la línea telegráfica, se ocuparon los caminos y se acopiaron recursos, saliendo al día siguiente en dirección a Tortosa, ciudad que se proponían ocupar.

Al saberse en Madrid lo ocurrido, muchos lo atribuyeron al partido moderado, al que juzgaban ansioso de volver al poder; cuando se supo que la expedición era carlista, estos protestaron rechazando la imputación. Casi al mismo tiempo hubo alzamientos carlistas en Baracaldo y en Palencia, lo que prueba la existencia de un plan; aunque fueron tan poco importantes, que bastó la intervención de la guardia civil para sofocarlos. El gobierno ordenó al general Dulce, capitán general de Cataluña, enviar tropas en dirección al Ebro, mientras ordenaba a Concha, recién llegado de La Habana, marchar a Valencia; pero nada esto fue necesario, pues la expedición se disolvió por sí misma.

Desembarco carlista en San Carlos de la Rápita en 1860

La expedición desembarcó en La Ampolla y en San Carlos de la Rápita, el 2 de abril, no sin antes sufrir un intento de motín por parte de la tropa, que sospechaba de las intenciones del general Ortega. Las tropas se reagruparon en Amposta. Tras el desembarco, se arengó a la tropa a marchar sobre la ciudad de Tortosa. Al amanecer del día 3, llegan los expedicionarios a Coll de la Creu, donde una Comisión de oficiales se presentó a Ortega a pedirle explicaciones sobre el objeto de la expedición. El general les mandó retirar y se dirigió al frente de las tropas para castigar a aquellos oficiales. Momento en que llegaron don Carlos y su comitiva, y el temor de que se pudiera poner en peligro a los príncipes, contuvo al general y dio tiempo a los descontentos para tomar precauciones. Mandó Ortega formar las tropas para arengarlas, pero, apenas dio el grito de Viva Carlos VI, un coronel dio el de Viva la reina y viva la libertad. Ortega dio un salto hasta él con su caballo. En aquel momento se produjo un tumulto en el que unos vitoreaban a Ortega y otros a la reina. La corta distancia a que se encontraban don Carlos y don Fernando ponían en peligro sus vidas, si sucumbía el general, por lo que éste marchó para avisarles y que se salvasen.

La animadversión de oficiales y tropa a las pretensiones de Ortega obligó al pretendiente a huir camino de Ulldecona para evitar males mayores. Sólo algunos suboficiales apoyaron a Ortega, pero la mayoría del ejército se negó a marchar sobre Tortosa, dando vítores a Isabel II. El 4 de abril la tropa expedicionaria se subleva y obliga a huir al general Ortega, que conoce, entonces, de primera mano que su acción no ha merecido mucho interés por el gobierno y que, al contrario de lo que le habían prometido, la reina no había abdicado. El día 5, fue puesto preso en Calanda por la Guardia Civil y conducidos a Tortosa, donde el 17 de abril un consejo de guerra, compuesto, únicamente de capitanes —y por tanto ilegal, pues debió aplicársele la Ley del 25 de abril de 1821— le condenó a muerte. El hijo del general, teniente de caballería, solicitó el perdón a la reina; más, cuando ésta quería otorgar el perdón, el Gobierno se opuso, y el general fue fusilado el 18 de abril, junto al coronel Carrión, y los cogidos en Vizcaya con las armas en la mano. Elío también fue detenido y conducido a Tortosa. Allí su anciana madre se echó a los pies de la reina, y ésta la prometió que su hijo no moriría. Libre, por virtud de la amnistía posterior, escribió el 5 de junio una carta a la reina, prometiendo no tomar parte en ningún acto que pudiera perjudicarla, cosa que cumplió.

Don Carlos y su hermano se ocultaron en Ulldecona, pero fueron descubiertos y conducidos a Tortosa, donde se reunieron con Elío. Se les exigió una renuncia de sus derechos al trono, la que firmaron el 23 de abril. El gobierno publicó, el 1 de mayo, por Real Decreto, una amnistía general para todas las causas políticas, y los príncipes y Elío fueron puestos en libertad y conducidos a Port-Vendres. El gobierno buscó infructuosamente en Tarragona y Castellón a Ramón Cabrera, del que pensaban que dirigía la expedición.

Los carlistas creyeron seguro el triunfo de su causa en 1860. Isabel II y su marido Francisco de Asís, que mantenían correspondencia con su primo Carlos Luis, estaban convencidos de que ocupaban el trono ilegalmente, por lo que Isabel deseaba abdicar en don Carlos.

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