Revista Ciclismo

Dia 3 de #30diasenbici: Crónica Biciteka

Por Carlosr
Dia 3 de #30diasenbici: Crónica Biciteka

Pasada ya la húmida influencia de Nuria, acompaño mis pedaladas de hoy con la nostalgia por no estar en Querétaro viviendo el entusiasmo del Foro Nacional de la Bicicleta de México. Y como la añoranza atrae buenos recuerdos, os traigo la reseña de Crónica Biciteka de Georgina Hidalgo Vivas (Bicictekas, 2021).

Llegué el año pasado a México, vi, viví y bebí. Me mojé en bicicleta como jamás se ha mojado este indígena de Asturias en su región, bien conocida por su tozuda pluviosidad. Y me traje un montón de vivencias inolvidables con amigos virtuales desvirtualizados, al fin.

Este artefacto revolucionario y tres botellas de mezcal espadín fueron todo lo que me traje de esa gran república. Fue Agustín Martínez Monterrubio, miembro fundador de Bicitekas, el que me legó esta joya que da ornato a mi biblioteca ciclista. Y Crónica Biciteka, cuyo destino era acabar en las garras de Mr. Juanitez en Madrid, vino a ser mío inmediatamente cuando le regalé un ejemplar de Bicicleta o Barbarie. Alabado seas, Agus, por este regalo que me has concedido.

El artefacto es de una factura gloriosa. A caballo entre el códice azteca y el breviario de la Ciclocongregación de la Última Pedalada, en papel biblia amarillento con el corte de página teñido en rojo carmesí, está decorado por otro biciteka, Juan Morales, y precedido por el prólogo de Rogelio Garza.

Leerlo es un placer que embriaga a quienes gusten del gamberrismo ilustrado, con una alta carga folklórica, como corresponde a toda micro-historia local narrada por sus protagonistas. Sobre su contenido, me limito a reproducir aquí lo que dice la contraportada:

«Esta es la crónica Biciteka, la verdadera conquista de las calles de la gran Ciudad de México, largo tiempo rodaron indefensos los bicitekas, invisibles en las arterias taponeadas de la seca ciudad burocrateca de México- Tenochtitlán. Hasta que, envalentonados, se fueron juntando en el Sitio del Ángela y se hicieron a la mar de autos, ahí entre el «carrizal» de Reforma, a ganar las calles con sus dardos de ideas filosas. Los Bicitekas, como decir jipitecas rodantes, hoy señorean en todo el valle del esmog. Agrupados en dos poderosos barrios de guerreros, los tlatelocos y los tecnochcas, han «desbaratado» las calles y las avenidas burocratecas con su poderoso «Bicicletl» y obligado a esos seres barbaros exclavizados al auto a rendirse a los designios de Bicilopochtli, el dios bueno y sustentable que los guía. Al amanecer del sexto sol, en plena celebración por los 500 años de la conquista, hemos reescrito los amoxtlis, los anales y las cuentas oficiales para contar nuestra versión. Cobijados con las crónicas de nuestros ancianos tlacuilos narramos todo lo acontecido durante el Cempohualli, el atado de las veintenas de años, y las muchas guerras floridas emprendidas desde que nuestros abuelos «bicitines» salieron de la mítica BiciAztlan y aquí vinieron a encontrarse.

Desembarqué en CDMX con esta reliquia en mi maleta. Y Bicilopochtli me protegió en los cientos de kilómetros en bicicleta que hice, impulsado-empujado-arrastrado-guiado por mi querido Alberto Chávez, por esta ciudad ubérrima, salvaje, hermosa, acogedora e inolvidable.

¡Tlazocamati, Bicilopochtli!

Dia 3 de #30diasenbici: Crónica Biciteka

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