
- Buenos días.- Buenos días, ¿en qué puedo ayudarle?- Pues mire…quería subirle el bajo a este pantalón.- Muy bien, ¿qué hilo quiere?- No, no quiero hilo. Lo que quiero es que me suban el bajo.- Sí, mire, pero es que esto es una mercería. Aquí no hacemos ese tipo de trabajo.- Ya sé que es una mercería. Y usted sabe coser ¿no?- Sí, sé coser, pero le repito que no es el sitio adecuado para esto.- Pues no lo entiendo: tiene usted el material y sabe hacerlo. ¿Por qué no me sube el bajo y ya está?- Porque en las mercerías se venden materiales de costura para que usted pueda hacerlo en casa. O en una modista.- Pues menuda gracia. Así va el país. Una va al sitio donde tienen el material y los medios y te mandan a la modistilla, que no tiene ni idea.
¿A qué es absurdo? ¿A qué todos entendemos quien tiene razón y quién no? Entonces, ¿por qué esa misma situación se repite todos los días en las urgencias de nuestros hospitales?
- Buenos días.- Buenos días, ¿qué le ocurre?- Pues mire…es que me duele este hombro desde hace un mes.- Muy bien, le voy a explorar y le recetaré un analgésico.- No, yo lo que quiero es que me haga una radiografía y me diga lo que tengo.- Sí, mire, pero es que esto es Urgencias. Su caso no es una urgencia.- Pero, bueno, ¿usted es médico, no?- Sí, soy médico, pero este no es el sitio adecuado para esto.- Pues no lo entiendo: tiene usted las radiografías ahí al lado y sabe interpretarlas. ¿Por qué no me la pide y ya está?- Porque usted necesita un estudio y un seguimiento por su médico de cabecera. Y Urgencias no está para resolver cosas que no son urgentes, ni para seguir la evolución de ningún paciente.- Pues menuda gracia. Así va el país. Una va al sitio donde están los medios y te mandan al médico de cabecera, que no me va a hacer nada.
¿Os suena?
