Lo digo porque hay personajes que se merecen un castigo ejemplar. Generalmente han desobedecido al autor y han tomado iniciativas propias desbaratando la historia o dejándole en ridículo ante sus lectores. En mi caso se debe a la inoperancia del protagonista, un detective de segunda que tiene muchas similitudes con los escritores de segunda: el caso le queda grande. Y tiene pinta de que no va a cambiar en los últimos capítulos. Tiempo al tiempo.
