Revista Cultura y Ocio

Dietario 108

Por Calvodemora

Escuché hace poco que hubo una manifestación que agitaba libros en el aire en lugar de percutir el metal molesto de las cacerolas. La hacían los dolidos por el cierre de una biblioteca en un pueblo, no recuerdo ahora cuál. Se me quedó el gesto, el pequeño y maravilloso símbolo de que un libro, izado como una oriflama, fuera el que librara la batalla de la justicia, que es (en el fondo) la antigua batalla de la cultura, que no ha terminado todavía. No sé si un día se cerrará ese capítulo de la Historia. Es posible que no acabe jamás: hay muchos intereses, hay muchos mercaderes. Interesa la ignorancia porque la ignorancia no exige. Tampoco la ligereza, ni está bien visto el principio de exigencia, que hace que uno desee retos y busque la belleza en la espesura, más adentro, como decía Lara Cantizani, citando con alegría (la suya natural) al Santo Juan. El que no sabe, no inquiere. Recuerdo a un profesor de mi facultad, que nos dejó muy prematuramente, encolerizado por el a menudo mal visto gesto de que alguien llevase unos libros bajo el brazo, andando por la calle, en la parada del autobús, en la cola de la charcutería. Decía Luis Sánchez Corral que la gente de las letras no es de fiar, según decir conocido. Me lo contaba con su brizna de sorna habitual, trayendo historias de ayer, informándome de que el ayer vuelve si no tenemos cuidado y dejamos un hueco por donde quepa. También me habló ese día (Bar Platanín, calle Jaén, Sector Sur, a la vera de la Escuela de Magisterio) de lo buen columnista que era Eduardo Haro Tecglén, de mi inocencia política y de cómo la buena literatura salva a los pueblos del caos. Y el buen periodismo. Ayer fue el Día Internacional de la Libertad de Prensa. Se trata de que la expresión de su voz no se tuerza al son de quien legisle o de que haya pluralidad o de que se festeje infatigablemente su vigor. Estaría Luis indignado si estuviese con nosotros. Con poco que se trocara el común y esperado discurrir de las cosas, expresaría su malestar, su pequeña o grande desavenencia. A veces echo de menos el café en el Platanín.


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