Revista Cultura y Ocio

Dietario 75

Por Calvodemora

Billy el Niño, bautizado William Henry McCarthy, también llamado William H. Bonney, imputado en veintiún asesinatos, probados nueve, cinco de ellos en fogosa compañía de sus secuaces, un puñado de cuatreros, ya al final de su azarosa existencia, pidió clemencia, la que él no tuvo con todos los hombres a los que mató (hagan cálculos) en los tumultos de taberna y en la comisión de los robos. Antes de que dictaran sentencia y las fuerzas del orden lo cercaran, Billy el Niño salió a un corral a por huevos y allí cayó al suelo por una bala del sheriff Pat Garrett. El alma humana propende al recogimiento cuando la asaetea la desgracia. El alma humana es un secreto. El alma humana es un torbellino de sorpresas. Garrett juró sobre la biblia que en sus últimos momentos Billy el Niño citó un pasaje de la biblia, uno corto, añadió. Incluso uno mal contado. 

La noche fabrica embelecos. Loca, la noche conquista quimeras. Ebria, sin amante que la escuche ni la siembre, la noche es un ansia de vida reposada, una guía de amor sin truncar del todo, un vértice secreto de semilla buscando un cuerpo, de palabras buscando un texto. Oh, noche de Lope de Vega; ah, la noche de mi herido San Juan, tú siempre, noche trasunto de mis días, gran noche levantada hacia mi alma, izada hacia mi alma, convertida en alimento de mi alma, yo te abrazo desde la cárcel de mi alma, sin esperanza de entrar de verdad en la tuya, privado de ese goce, empujado a la sombra, guardián suyo, secreto suyo.


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